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1 de Abril 2021

Desde su brote en octubre de 2019, el covid-19 destruyó un valor incalculable: vidas, familias y estructuras sociales; capital humano y financiero; la confianza de los consumidores y los inversores. En la medida de lo posible, reconstruirlos requerirá tiempo, dinero y esfuerzos coordinados.

En enero de 2021, el Banco Mundial proyectó un crecimiento del PIB mundial del 5½% en 2021 y del 4% en 2022, y que la producción mundial superará el nivel pre-pandémico para mediados de 2021. Mientras que las economías avanzadas, debido a su demografía y estado de salud promedio, tenían tasas de mortalidad mucho más altas que los países en desarrollo, sus perspectivas económicas son mejores. En los EE.UU., Japón y Europa occidental, los estímulos fiscales significativos, las tasas de interés bajas junto con una vacunación más rápida podrían acelerar la recuperación y crear efectos secundarios positivos que beneficien a los socios comerciales.

Las perspectivas de corto plazo para América Latina y el Caribe son más pesimistas. Hogar del 8% de la población mundial, la región había representado el 20% de las infecciones por covid y el 30% de la mortalidad total en 2020. Durante ese período, otros 16 millones de personas habían caído en la pobreza extrema y, con el desempleo en aumento.

Uno necesita reconocer los hechos, pero no puede ser bloqueado por ellos.

Coordinación entre egoístas -en la concepción clásica de Adam Smith- se basa en la interacción de mercados, regulaciones y una ética social. Así, enfrentando problemas apremiantes -como los de hoy en día- con mercados y regulaciones ineficientes o mal preparados, la confianza y la capacidad de cooperar pide un razonamiento “centrado en la comunidad.” Sabemos desde casi una década, y gracias al Barómetro de Confianza de Edelman, que las sociedades latinoamericanas confían más en las empresas que en los gobiernos para generar cambios necesarios.

Esta crisis ofrece oportunidades. América Latina necesita negocio para avanzar. Esto requiere de líderes empresariales que, en palabras de Adolfo Ibáñez, “comprendan que la empresa se legitima por el aporte social que entrega” y que sean capaces y estén dispuestos a competir para avanzar.

¡Entonces adelante!

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