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¿Acaso la historia es irrelevante?

21 de Junio 2021 Columnas

Una de las noticias más importantes de la semana pasada fue el triunfo del demócrata cristiano Claudio Orrego sobre Karina Oliva para asumir la gobernación de Santiago, lo que ha muchos les recordó un escenario similar al que se vivió en las elecciones de 1964. Mientras los principales problemas a los que se verá enfrentado el país en los próximos años son la sequía, la cesantía producto de la robotización y el aumento de la esperanza de vida de las personas sin financiamiento, en Chile, en cambio, parece que volvimos a la Guerra Fría.

En esa línea, la sola posibilidad de que un miembro del partido comunista pueda ser presidente de la República es motivo de alerta. Mi intención no es hacer un juicio personal de Daniel Jadue ni de su programa, sino tratar de recurrir a la historia para explicar por qué me parece insólito que en el siglo XXI sea una alternativa para asumir el poder en la Moneda.

El primer punto tiene estricta relación con la violencia como un medio para conseguir objetivos. Este principio aparece proclamado sin tapujos en el Manifiesto Comunista escrito por Marx y Engels en 1848. En esta línea, la llegada al poder a través de la vía armada es una opción más dentro de las posibles. Uno pensaría que esta idea evolucionó, sin embargo, hemos visto cómo se validaron muchas de las acciones vandálicas ocurridas el 18 de octubre de 2019 y que tenían como objetivo conseguir la renuncia del Presidente.

Junto con la validación de la violencia, aparece, como un segundo punto, el desprecio por la democracia para determinar a sus autoridades. Para muestra un botón: a finales del año pasado, pese a que la diputada Camila Vallejo fue la más votada en las elecciones del Comité Central del Partido (5.923 sufragios), Guillermo Teillier se mantuvo al mando, aun cuando el actual presidente consiguió mil votos menos.

Asimismo, la libertad de los individuos aparece como un bien menor frente a otros como podría ser el de la igualdad. La evidencia histórica es implacable. Mientras ningún país capitalista se ha visto en la necesidad de prohibir la fuga de sus habitantes, aquellas naciones que han estado bajo la esfera comunista deben construir muros y ejercer estrictos controles para no perder a sus ciudadanos. El contrapunto lo constituye Estados Unidos, paradigma del capitalismo. Trump quiso construir un muro para que no entrasen más inmigrantes y no para que no salieran.

En esta misma línea, para el comunismo, la vida de las personas está subordinada a los intereses del Estado. Vale la pena preguntarse qué quiso decir el alcalde Jorge Sharp cuando en un tweet sobre el líder de la revolución soviética posteó: “Lenin hacía lo que se tenía que hacer” ¿Se habrá referido a torturar, secuestrar y matar? Pues esta fue la trilogía que permitió y ha permitido mantener a los régimenes comunistas en el mundo. Al igual que otros sistemas totalitarios y algunas dictaduras, como la de Pinochet en Chile durante 17 años.

Si mi análisis le parece sesgado y le da flojera leer libros de historia, le recomiendo darse una vuelta por Netflix y ver la exitosa serie danesa Borgen, específicamente, el capítulo 6 de la temporada 3, cuando la entrañable protagonista tiene la idea de incorporar como candidato al Ministerio de Hacienda a un académico que había militado, durante su juventud, en el partido comunista. Este solo hecho genera el suficiente escándalo para que él deba renunciar. En una de las discusiones sobre si debían defenderlo o no, uno de los ministros señaló:

– ¿Acaso la historia es irrelevante?

– Eso fue hace 30 años, le responden.

– Exacto, hace solo 30 años.

Claro, se trata de una ficción, pero lo que la serie recuerda es lo cerca que estuvo Dinamarca de caer bajo la esfera soviética y los riesgos que esto implicaba. El hecho de que una persona haya creído en una revolución armada para llegar al poder ya es una prueba suficiente para que la opinión pública determine que no puede ser parte del gobierno.

En fin, resulta lamentable que cuando asumimos que existían ciertos mínimos comunes, como el rechazo a la violencia, defensa de la vida, respeto por la libertad de las personas, democracia como el sistema de gobierno, nos encontramos enfrentados a la posibilidad de tener, nuevamente, un presidente comunista cuya ideología, a lo largo de la historia, ha amenazado estos principios. No son 30, hemos retrocedido 50 años.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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