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4-S: sin vencedores ni vencidos

3 de Septiembre 2022 Columnas

Hoy es la elección más importante desde el retorno a la democracia. No es una que podamos revertir cada cuatro años, como cuando elegimos representantes. Tampoco es una de izquierda o derecha. Es sobre una propuesta constitucional que define nuestras reglas fundamentales para las próximas décadas. Ambas opciones tienen sus legítimos argumentos a ser ponderados. En lo personal, he sostenido que la mejor opción es rechazar. Reconociendo aspectos positivos, creo que la propuesta no es buena para Chile. Pero, además, rechazar da la oportunidad de continuar el proceso aspirando a tener un buen texto de unidad que nos permita salir fortalecidos de la crisis que vivimos.

Considero que son varias las falencias del texto. Desde ya en el plano económico. La propuesta dificulta la inversión y el crecimiento, debilita la disciplina fiscal y augura problemas y conflictividad en lo laboral. Tal vez en parte por eso, ocho de los diez ministros de Hacienda desde el retorno a la democracia, cinco de ellos de centro izquierda, nos hemos inclinado por rechazar la propuesta. Digámoslo con claridad: el texto no es pro crecimiento. Y sin crecimiento, el bienestar económico y social, incluyendo el financiamiento de los derechos sociales, es una quimera.

A su vez, para avanzar en reformas que permitan crecer y abordar necesarias demandas sociales, es clave un buen sistema político. Pero, como he argumentado en columnas anteriores, la propuesta no solo no resuelve los problemas de fragmentación y discolaje de nuestro ya disfuncional sistema político, sino que los exacerba. Así, los necesarios acuerdos, única forma de avanzar en transformaciones relevantes, serán más difíciles que hoy, la discusión política más tironeada y la gobernabilidad más compleja.

Hay acuerdo respecto a que el sistema político es una gran falencia de la propuesta. Incluso entre partidarios de aprobar el texto. Sin embargo, de triunfar esa opción, difícilmente podrá enmendarse en el Congreso. La razón es sencilla: los parlamentarios son incumbentes que son juez y parte. Por ejemplo, ¿querrán modificar el sistema electoral con que fueron electos y arriesgar su próxima elección? ¿Poner umbrales de votación para su elección o la existencia de partidos? Difícil.

Pero, más allá del texto, hay otras razones en favor de un triunfo del rechazo.

La primera y fundamental, es darnos la oportunidad de continuar el proceso y tener un buen texto de unidad a ser refrendado por una amplia mayoría. Sin ello, será difícil salir de la crisis que atravesamos y tener una hoja de ruta compartida. Podremos debatir sobre las bondades y defectos del texto, pero creo que nadie puede decir que el que se vota hoy sea de unidad. Pese a que un 78% estuvo a favor de tener una nueva Constitución, los chilenos se encuentran divididos frente a esta propuesta. La Convención desperdició la oportunidad de unirnos detrás un buen texto y ese será el desafío de la etapa que viene.

Un triunfo del rechazo sería, además, una valiosa señal de moderación de los chilenos. De ciudadanos que claman por cambios, pero no de cualquier forma. En oposición a los extremos y a la supuesta polarización en que estamos, sería un retorno del péndulo hacia el centro. Un llamado a construir desde el ancho camino del medio, del camino del diálogo y los acuerdos que la ciudadanía pide y única forma de encausar cambios estructurales de largo aliento.

Soy un convencido que los países progresan por ese ancho camino. Uno que es reformista y no de defensa del statu quo, pero con cambios graduales y bien hechos. Uno que sigue una ruta que no es una línea recta, ni tampoco una autopista de alta velocidad, pero que levanta la mirada hacia el futuro con un horizonte compartido claro. Los extremos, en cambio, buscan atajos transitando a toda velocidad por la vereda, so riesgo de estrellarnos contra un poste.

Y quizás esta sea la principal oportunidad que se abre si hoy triunfa el rechazo: la de enrielarnos en ese ancho camino del medio por el cual los países avanzan. Y para que ello ocurra, después del 4-S no puede haber vencedores y vencidos. Sería replicar lo que nos trajo hasta aquí. Debe haber generosidad republicana y genuina disposición al diálogo para que, esta vez sí, podamos tener una buena constitución, abrazada por la inmensa mayoría de los chilenos.

Publicada en La Tercera.

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