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Los cuidados de octubre

25 de Julio 2019 Columnas

Los gestores de portafolio sabemos que octubre es clave. Es el mes en que la mayor parte de las empresas de EE.UU cierra sus resultados anuales y que da inicio al período estacionalmente más bajo para los mercados financieros internacionales. Los análisis econométricos siempre hacen saltar al décimo mes del año. No es casualidad que la gran crisis del 30 haya estallado con el jueves negro del 24 de octubre de 1929, o que la crisis subprime haya tenido su mayor caída bursátil en octubre de 2008.

Es importante tener esto en cuenta a medida que nos acercamos al cierre del tercer trimestre, en momentos en que el mercado financiero global refleja muchas debilidades y se sostiene con la inyección de liquidez que durante la última década han venido bombeando los bancos centrales del mundo. Esto en respuesta a la crisis subprime y que llevó una fuerte contracción en los mercados financieros que terminaron generando una gran depresión en la economía real de todo el mundo. Si usted es de los que tenía acciones en su cartera accionario entre octubre de 2007 y marzo de 2009, lo más probable es que haya perdido la mitad de esa inversión. En ese período, el S&P 500 retrocedió 56,13%, el EuroStoxx 50 lo hizo en 63,4%. El británico FTSE 100 perdió 63%, mientras que el japonés Nikkei lo hizo en 49,74%. En América Latina las cifras fueron equivalentes: el Bovespa brasileño cayó en 54,76% y el IPSA, uno de los menos afectados, perdió 41,80%.

Ante esto, los bancos centrales repletaron sus economías de dinero recién impreso, como nunca antes se había visto. El objetivo era impulsar la inversión y revitalizar la anémica economía mundial real. No contentos con sus operaciones monetarias tradicionales de mercado abierto, los bancos centrales comenzaron a comprar instrumentos de tesorería de mediano y largo plazo con el objeto de disminuir las tasas de interés de referencia que se usan para préstamos de largo plazo. De esta forma bajaron las tasas de interés, no solo en el corto plazo, sino a lo largo de toda la curva.
Adicionalmente, en Estados Unidos, la Reserva Federal socializó las pérdidas de la banca privada comprando a “precios de libro” los papeles de aquellas inversiones que habían “reventado” como consecuencia de la crisis, y por ende, limpiaron el balance general de la mayoría de los bancos grandes. En otros países, como Suiza y Japón, sus bancos centrales compraron instrumentos accionarios con la intención de impulsar el rendimiento
de sus bolsas locales.

Es difícil encontrar hoy un mercado financiero importante en que los Bancos Centrales no hayan comprado, y por ende, inflado los precios de mercado. En una decisión que se reafirmó a inicios de este año, con la mayoría de los emisores reiniciando una política monetaria expansionista que ha provocado otra subida artificial en varios mercados, creando el riesgo de burbujas en mercados inmobiliarios, accionarios y renta fija.
Si bien es cierto que se ha producido un período relevante de tiempo de crecimiento en la economía mundial –EE.UU. registra la expansión más larga de toda su historia, contando treinta y cuatro trimestres seguidos sin recesión–, se trata de un crecimiento lánguido y alejado de los sectores productivos que tradicionalmente impulsan más a la economía en su totalidad.

Si este financiamiento de “dinero casi gratis” se interrumpiera por algún motivo, por ejemplo, porque el sistema financiero recortara sus préstamos al verse confrontado con escenarios negativos de la economía, los precios se desplomarían como ya vimos al cierre de 2018. Hay una serie de factores que pueden gatillar el comienzo de una recesión en las economías más importantes del planeta. Entre estos tenemos la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y un posible conflicto militar entre Estados Unidos e Irán. A eso, sume el riesgo de que la economía mundial entre en recesión. Por ello, y ahora que nos acercamos al cierre de tercer trimestre, es prudente alivianar el peso en el portafolio de inversiones de las siguientes categorías:

1) acciones internacionales.
2) bonos de empresas internacionales

3) activos inmobiliarios internacionales.

No digo que los precios de los activos chilenos no se van a resentir si hay una recesión; más bien, ocurre que aquí no ha existido el exceso monetario
de otros mercados, por lo que la caída, si viene, se se espera que sea menor.

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