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La muerte de las zonas de sacrificio

13 de septiembre 2018 Columnas Profesores

Los recientes hechos de Quintero y Puchuncaví (QP) demuestran la impostergable necesidad de acabar con el concepto y la realidad de las zonas de sacrificio. La pregunta es cómo hacerlo. Pero no hay una respuesta simple, pues establece tensiones para las cuales nuestra sociedad no parece lista para enfrentar.

Para ello hay tres escenarios y, como demostraré, a estas alturas sólo tenemos un camino a seguir. El primer escenario es el del “enchulamiento”, pero éste ya no es viable bajo ninguna circunstancia. En la crisis anterior de QP, en 2011, me preguntaban cómo plantar unos árboles y pintar unos bancos para capear la ola de la crisis. Hoy, incluso la relocalización de la escuela de Puchuncaví —un poco más alejada de la zona industrial— está cuestionada por el persistente deterioro del medioambiente. Este camino de ajustes parciales y paliativos es una ruta imposible bajo cualquier punto de vista.

El escenario de la “erradicación” también ya ha sido sondeado en QP de manera no oficial, como también en otras zonas de crisis por desastres naturales. Incluso se hizo una vez, de manera oficial y fallida, en Chaitén. La evidencia de la experiencia es apabullante: No importa cuán grande haya sido la crisis, no hay espacio para pensar en aislar un territorio de las comunidades que lo habitan. Por ende, no hay ninguna señal para pensar que la solución efectiva y posible a una zona de sacrificio sea deshabitarla. Por supuesto, también es posible erradicar las industrias contaminantes, pero ello no evita el hecho de que seguirán contaminando, aunque no lo hagan en la concentración geográfica de una zona de sacrificio.

El escenario de la “transformación” es la única ruta que en la actualidad —ante los estándares de desarrollo sustentables y medioambientales, y las intenciones institucionales de un miento integral ecológico— puede mostrar una alternativa real de desenlace para esta crisis. Es importante tener claro que el problema no es inventar la rueda para transformar un modelo ya muerto. El concepto y la aplicación efectiva de la simbiosis industrial reduce las emisiones y contaminantes para hacer viable la convivencia, y además ofrece otros beneficios. La simbiosis industrial se basa en un principio de economía circular, en la cual el desecho de una industria es un insumo para la otra transado mediante contratos bilaterales entre ellas.

La pionera en hacerlo es la ciudad de Kalundborg, en Dinamarca, que desde 1960 ha controlado la complejidad industrial de la re- gión organizando las industrias en una estructura como la de una cadena alimenticia. Así las zonas de sacrificio serán una estructura de relaciones cas, abarcando una gran variedad de entidades que interactúan con los recursos materiales disponibles. Puede parecer un sueño, pero existe y es real. Faltan ambición y voluntad política.

Publicado en La Segunda.

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