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Profesor emérito Víctor Küllmer: “Mi vida en la Escuela de Negocios ha sido un continuo aprendizaje”

31 de Enero 2020 Noticias

Boquiabiertos, pegados a sus sillas, sudando un poco quizás, mirando con atención cómo su profesor de administración se subía, primero, arriba de la mesa y una vez ahí, alzaba sus manos, tomaba impulso y… ¡zaaaas! En un dos por tres estaba de cabeza, haciendo una osada versión de “La Invertida”. Lo hizo una, dos, tres, incontables veces, hasta “que me llamaron y me pidieron que -¡por favor!- no lo hiciera más.”

Nadie de la Universidad Adolfo Ibáñez que haya cursado una clase con el profesor emérito Víctor Küllmer se atrevería a decir que el docente no sabe cómo mantenerlos atentos. ¿Alma de actor? Amor por la docencia, dice él,  donde la clave para jamás perder la pasión “está en darse cuenta que nos movemos en un ambiente privilegiado. Reconocer que tenemos una suerte enorme de estar en la Escuela de Negocios que tiene un ambiente extraordinario, que es muy difícil que otra Universidad lo tenga. Acogedor,  agradable, de respeto, pero a su vez también de aprendizaje personal, porque uno no solo uno está entregando sino también recibiendo. La Escuela siempre ha sido rigurosa, pero a la vez con mucha calidez.”

El profesor Küllmer ha estado ligado a la Escuela de Negocios de la UAI desde 1956, cuando llegó a cursar sus estudios de Ingeniería Comercial. Era una institución mucho más pequeña de lo que es hoy, pero que desde sus orígenes desacató por su sello innovador. “Cuando yo llegué a la Escuela de Negocios no eran ni 110 alumnos. No había  ningún profesor full time, el primero llegó cuando estábamos en segundo año. Lo que había eran hombres de negocios de la época que hacían clases, lo que explica los contactos que teníamos con universidades como Harvard”, recuerda don Víctor, que 5 años después de ingresar como alumno, inició su carrera de académico en la UAI desempeñándose en las áreas de administración, marketing, política de empresas y espíritu empresarial.

Durante su trayectoria profesional, el académico continuó desarrollando otros estudios. En 1963 cursó el International Teachers’ Program de la Universidad de Harvard durante un año, mientras que entre 1968 y 1970 ejerció un MBA en Dartmouth Colleg. Asimismo, entre enero y junio del año 1980 desarrolló estudios de postgrado en la escuela de negocios de Harvard. “El ambiente de aprendizaje en la Escuela siempre fue creciente, había un ambiente de cordialidad, de trabajo, de armonía pero a la vez de crecimiento y desafío intelectual.”

Tantos años de docencia y su alegre y enérgico carácter lo han hecho forjar una relación cercana con alumnos y exalumnos, con quienes se encuentra en cualquier parte del mundo, por eso, dice que debería andar con una libreta para anotar todas las anécdotas que ellos recuerdan y que él por ser tantas, ya las olvida.  Pero quizás entre las más famosas está las de ballet: a los alumnos que llegaban tarde a sus clases les pedía que hicieran algunos pasos frente a sus compañeros, pero para apoyarlos, primero era él quien bailaba haciendo una introducción. “Lo hacía de forma armónica, corriendo y haciendo pasos de ballet. Se prestaba para dos cosas, uno para que no llegaran  atrasados y lo segundo, para romper el hielo.”  Muchos recuerdan también la invitación que le hacía a los mechones al Samoiedo en Viña del Mar, una costumbre que se volvió  tradición.

Una Escuela de Negocios con historia

Víctor Küllmer ha sido testigo privilegiado del crecimiento de la Escuela de Negocios y su afán por innovar y contribuir al desarrollo del país. “El primer programa de postgrado en gestión fue aquí  y la que la siguió se demoró 7 años en implementarlo. Por eso recibíamos a los mejores alumnos, muy destacados en el área de la economía que además nos permitían estar al día de lo que estaba ocurriendo en el mundo de los negocios.”

¿Y cómo ve a la Escuela de Negocios el día de hoy? “Con admiración, veo a tantos profesores con doctorado, personas extraordinariamente preparadas, no me dejo de admirar por la cantidad de académicos destacadísimos. Hasta el día de hoy me junto con profesores de otras áreas, acá se fomenta el aprendizaje continuo. Se aprende todo el tiempo, de los profesores, de los alumnos. Pero lo mejor de todo es que en la Escuela de Negocios, antes de formar profesionales, se forma personas. Es muy bueno tener las Artes Liberales, que es un sello que ha tenido la Universidad desde sus orígenes, porque fue una visión de don Pedro Ibáñez cuando fundó la Escuela.”

Por su destacada trayectoria fue que el decano de la Escuela de Negocios, Ralf Boscheck le hizo un reconocimiento frente a todos los profesores y funcionarios durante la jornada de planificación estratégica 2020. “El mismo se ha convertido en una institución, una institución que hace sentir su presencia cada día, incluso 18 años después de haber sido nombrado profesor emérito.” Uno de los exalumnos más destacados de Víctor Küllmer, el profesor y director del Magíster en Gestión de Negocios de la UAI Andrés Toledo, recordó también algunas historias que ha vivido con él. “Dentro del carisma y la vocación que tiene por enseñar, está también este showman. En su casa es el más callado de todos, pero en clases en cambio, es apasionado y se integra con los alumnos muy fácilmente. Recuerdo, por ejemplo, en las actividades del mechoneo el primer día era muy estricto pero al segundo estaba tirando tomates participando más que cualquiera.”

A sus 83 años, Don Víctor sigue aprendiendo, estudiando. “Me gusta la tecnología, la robótica, la inteligencia artificial, la cuarta revolución industrial, pero también me gusta mucho la sicología y la política.” Y claro, la pregunta del millón es… ¿Don Víctor, alguna vez se cayó de la mesa? “Jamás.”

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