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Max Colodro: “Este fue un año sabático para la derecha”

19 de noviembre 2018 Entrevistas Noticias Profesores

Max Colodro es parte de esa tribu que alguna vez caminó y habitó en un mundo cultural y político que se llamó la Concertación. Era un mundo donde el centro y la izquierda habían construido un sentido común, un proyecto común y varios gobiernos comunes. Pero ese mundo se trizó. Y como la política no resiste los espacios vacíos, se creó una nueva alianza política llamada Nueva Mayoría. Fue un pacto para gobernar nuevamente, pero para muchos de esos ex concertacionistas, ya no había un techo común. Tampoco un sentido de pertenencia.

Desde entonces, este analista político, columnista habitual del diario La Tercera, tomó clara distancia y profundizó sus críticas sobre los nuevos caminos que la centroizquierda proponía.

Doctor en Filosofía y director del Magíster en Comunicación Política y Asuntos Públicos de la Universidad Adolfo Ibáñez, Colodro planea sobre la actualidad y reflexiona sobre los escenarios que se abren, tanto para el gobierno como para la oposición en un país que cambió de piel.

–¿Sebastián Piñera está siendo prisionero de las expectativas, como le pasó en su primer gobierno?

–Sin duda que hay una tensión. La gente tenía una expectativa sobre Piñera, especialmente en el ámbito económico. Los propios empresarios han reconocido que hubo una sobre expectativa, alimentada, básicamente, por ellos.

–¿Cómo debiera moverse Piñera en este campo de juego para no aumentar la sensación de frustración?

–Hay una doble lectura. Por un lado, Piñera está teniendo que enfrentar un desajuste en las expectativas respecto de lo que eran las proyecciones económicas que se hicieron para este año. Pero también sobre lo que viene hacia adelante. Hay analistas que no descartan que el mundo pueda vivir una situación muy complicada a partir de 2020. Pero hay una segunda variable que me sorprende y es que, a pesar de todo eso, Piñera sigue teniendo una aprobación en torno al 50 por ciento. Sinceramente tengo la sensación de que el 2018 fue un año sabático para la derecha.

–¿Como un veranito de San Juan?

–Mucho más que un veranito….

–¿Y qué fue lo que permitió ese año sabático?

–El golpe emocional y político que vivió la centroizquierda. Es decir, la derrota de la Nueva Mayoría más la irrupción del Frente Amplio dejó a la centroizquierda con un franco nivel de deterioro. El congelamiento en que quedaron los partidos tradicionales de ese sector, le han permitido a Sebastián Piñera enfrentar un año casi sin huelgas, paros ni movilizaciones estudiantiles. El 2018 ha sido una tasa de leche desde el punto de vista social.

–¿Y eso es por el espasmo de la izquierda o porque Sebastián Piñera cambió respecto de su primer gobierno?

–Efectivamente, a diferencia de su primer gobierno, ahora tiene un equipo político más afiatado; un gobierno con mayor conducción. Pero el factor de fondo es que hay un sector del país que todavía le concede respaldo a su gobierno a pesar del deterioro de la situación económica. Es decir, no se han cumplido las expectativas en materias de empleo, de remuneraciones, pero aun así hay más de un 40 por ciento que le sigue dando el apoyo.

–¿Por qué?

–Porque todavía hay un sector importante del país que expresa el miedo que se generó durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet. Ese fue un miedo real. En el fondo, la centroderecha logró manejar tan bien el tema del miedo en la última campaña –el famoso Chilezuela– que por primera vez en su historia logró movilizar a un sector de la clase media. Ese es el mundo que sigue apoyando a Piñera porque el miedo que le provocó lo que podía representar la continuidad de la Nueva Mayoría, fue enorme.

¿Nueva Derecha?

–Piñera está echando mano a banderas que eran de la Concertación. Pero también hay un sector de la derecha más conservadora que lo tironea. ¿Cómo se resuelve esa tensión?

–Yo creo que la derecha está viviendo una situación parecida a la centroizquierda en el sentido de que no saben si tienen que reperfilarse hacia posiciones más conservadoras, más tradicionales –la derecha sin complejos– o abrirse a sectores más liberales. El símbolo de una derecha sin complejos es José Antonio Kast. Y la disyuntiva es si ese es el camino para perfilarse a largo plazo.

–¿Qué crees tú?

–Que si quieres proyectarte, tienes que ir a copar el centro y conquistar a la clase media moderada que quedó huérfana producto de la crisis de la centroizquierda y del fortalecimiento del Frente Amplio.

–¿Y la centro izquierda no está queriendo recuperar el centro?

–Claramente no. La hegemonía se ha ido moviendo hacia el Frente Amplio y las proyecciones apuntan a que lo que queda de la centroizquierda, se va a ir moviendo inevitablemente a una convergencia con el Frente Amplio. No tienen mucha alternativa.

–Una alternativa sería repensarse. Pero eso implicaría revisar sus errores y buscar las razones de su derrota. ¿Los ves en ese proceso?

–Absolutamente, no. Es evidente que a la centroizquierda le falta hacer un mea culpa, pero no lo van a hacer. Ya no les importa. No les importa repensar un proyecto país. Solo importa ver cómo vuelven al gobierno. La señal que dio Camilo Escalona al decir que necesitaban ir con el Frente Amplio, es la más fiel expresión de eso. No importa cómo; no importa con quién, lo que importa es recuperar el poder.

–¿Esa izquierda está pecando de omnipotente al no buscar el porqué de su derrota?

–Claro. Y lo que hay de fondo es que la centroizquierda no está dispuesta a reconocer que cometió un error histórico: terminó entregándole el Chile de la Concertación a la derecha. Ese es un reconocimiento que no van a hacer porque ni siquiera les interesa tratar de entender por qué el proyecto de la Nueva Mayoría terminó derrotado política y electoralmente. Estoy hablando de un sector de la centroizquierda al que no le gusta el país que ellos mismos construyeron en los últimos 30 años. Esa es la gran paradoja política que están viviendo.

–¿Es un sector que quedó prisionero de su éxito? ¿Cómo avergonzado de lo que hicieron?

–La derrota que sufrió la izquierda en el 2010 los complicó emocional y psicológicamente. Ahí descubrieron que habían construido una sociedad que se basaba, precisamente, en el proyecto de modernización capitalista. Y para peor, ese modelo hizo viable que los ex partidarios de la dictadura terminaran convertidos en una alternativa democrática con capacidad de ganar elecciones.

–¿Y tú dices que no lo pudieron tolerar?

–No. La centroizquierda no lo pudo tolerar. Por eso reinstaló muy fuertemente el cuestionamiento a la legitimidad de la Constitución, de la institucionalidad. Finalmente, era un cuestionamiento por haber administrado la herencia de la dictadura. Y eso, más la confirmación de que la consolidación de ese proyecto hacía viable la alternancia del poder y legitimaba a la derecha como una alternativa democrática, fue algo que la centroizquierda no estuvo en condiciones de tolerar.

–¿En qué momento desconocen el país que construyeron?

–Eso es algo muy importante. La centroizquierda solo estuvo en condiciones de otorgarle ciertos grados de legitimidad al modelo y a la institucionalidad, cuando el país era gobernado por ellos. Pero cuando pierden la elección y ven que el modelo termina siendo administrado por sus legítimos dueños, la centroizquierda no lo puede aceptar.

“Bachelet fue un instrumento”

–Fuiste parte del mundo concertacionista…

–Sí, y orgullosamente participé del gobierno de Ricardo Lagos también.

–¿Te sientes defraudado de la izquierda?

–Absolutamente. Me siento distante de la centroizquierda chilena. No logro entender, o me cuesta mucho justificar, el haberle entregado el país de los últimos 30 años a la derecha. Y me da lata que ese mundo no tenga la capacidad de reconocerlo.

–¿Michelle Bachelet encarnaba ese malestar?

–Por razones históricas, de vida e ideológicas, Michelle Bachelet íntimamente compartía el juicio de que el país que se había construido en los últimos 30 años, el Chile de la transición, estaba hecho más de concesiones que de convicciones. Por lo tanto, había que modificar el rumbo radicalmente.

–¿La pondrías como la gran responsable de la derrota?

–No, no, no. Finalmente, Bachelet fue un instrumento para volver al gobierno como fuera.

–¿Un instrumento de quién?

–De la izquierda en general y de ese sector irresponsable de la DC que termina diciendo que se sumó sin haber leído el programa de gobierno. Todos, todos, se embarcaron en la idea de que este Chile construido durante la transición era un país de los abusos, donde gobernaban los poderosos de siempre. Y que había que girar en una dirección distinta.

–Paradójico que una sociedad que se construyó bajo gobiernos de centroizquierda, se incline a la derecha para resguardar sus logros…

–La derecha ha estado crónicamente, desde hace 100 años, buscando un proyecto de sociedad y no lo encontró nunca. Ni siquiera durante el régimen militar. Ahora lo tiene porque se lo regaló la centroizquierda.

–La centro derecha ganó con mayoría electoral, ¿para cantar victoria debiera lograr política y social?

–Ese es su gran desafío. Pero no se ve fácil. Hay un sector de la derecha a la que le interesa recoger las banderas del mundo neoconservador y situarse en una lógica confrontacional. Y hay otra derecha que entiende que el espacio que le han cedido, al haber dejado huérfano al mundo de centro, al Chile moderado, es una oportunidad histórica que no debiese ser desaprovechada. Lo que es claro es que hoy, la disputa por la hegemonía, es mucho más real en la centroderecha que en la centroizquierda.

–En esa configuración, ¿cuál es la importancia que tiene Piñera como figura para la centroderecha?

–Sebastián Piñera tiene una importancia histórica. No solo porque logró que la derecha ganara dos veces en una década, algo que no ocurría desde 1850. Piñera es un factor decisivo porque está permitiendo que la derecha actual entienda que su proyecto político real, más que seguir buscando relatos y cosas que no existen, es la defensa del Chile de las últimas tres décadas. Eso fue lo que no entendió Bachelet.

Fuente: Revista Cosas.

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