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La experiencia de medir impacto y generar evidencia

15 de Septiembre 2020 Noticias

El avance de las fundaciones

Comprender los resultados efectivos que logran los programas sociales y medioambientales es un desafío tanto en la inversión social pública como privada. Según datos del Primer Barómetro de la Filantropía en Chile (CEFIS, 2019), casi la mitad (el 47%) de los actores del ecosistema nacional reporta realizar medición de las iniciativas que lleva a cabo con recursos filantrópicos, mientras que apenas el 11% de los donantes institucionales, ha hecho donaciones destinadas a ese fin, destacando en este punto, las fundaciones frente a las empresas. El sector de las fundaciones filantrópicas (que gestionan inversión social de familias empresarias o entidades empresariales) ha avanzado en incorporar sistemas de medición de sus resultados ya sea de programas propios o de apoyo a las entidades a las cuales donan recursos. La motivación para ello es tanto para mejoramiento interno y reporte a directores e inversionistas, como hacia los beneficiarios. “No hay otra forma responsable de hacer filantropía en estos momentos”, plantea Patricio Mayr, gerente de administración y control de gestión de la Fundación Gabriel & Mary Mustakis, entidad que, a través de programas propios y aportes a terceros, impulsa proyectos orientados al desarrollo integral de las personas, con un foco en el ámbito creativo e intelectual. Comparte esta visión Rafael Rodriguez, jefe del área de desarrollo de la Fundación San Carlos de Maipo, que apoya el desarrollo de la primera infancia desde la prevención con programas basados en evidencia. A su juicio, cualquier programa que utilice recursos públicos o privados debe ser capaz de demostrar objetivamente el impacto que genera en sus beneficiarios, “Medir es una responsabilidad fundamental para con los beneficiarios porque ellos deben saber si el programa mejora o no su bienestar, pero también es importante porque permite a quienes financian los programas saber si su gasto o inversión vale o no la pena”, explica Rafael Rodríguez.

En este ámbito, las fundaciones en Chile han ido adoptando distintos enfoques. Fundación San Carlos de Maipo desarrolla teoría de cambio e indicadores claves de evaluación para todos sus programas e incorpora la medición como elemento central de los Contratos de Impacto Social que ha desarrollado en conjunto con el BID, otras fundaciones e inversionistas privados. “El monitoreo y evaluación de resultados es clave para la implementación de este modelo”.

En cambio, la Fundación Liguria ha enfocado sus esfuerzos en apoyar proyectos que quieran medir sus resultados, trabajando en colaboración con otros actores especialistas en el tema. María José Uauy, directora ejecutiva de la Fundación Liguria, comenta que la medición de resultados les permite conocer si los programas y fundaciones que apoyan contribuyen a mejorar la calidad de programas orientados a la primera infancia en Chile, que es el foco que mueve a esta fundación familiar. “La rentabilidad individual y social que tiene la inversión en primera infancia se obtiene sólo si los programas cumplen con estándares de calidad dirigidos explícitamente a potenciar el desarrollo y aprendizaje de los niños, involucrando la participación de sus familias (OECD, 2006). Dado esto, es importante generar evidencia de los programas que trabajan con la primera infancia”, explica.

El apoyo a la medición es parte también del modelo de Fundación Mustakis. Han avanzado desde la evaluación de proceso a la evaluación de impacto en sus programas, y en los fondos concursables a terceros cuenta con un nuevo programa de acompañamiento a sus beneficiarias en el ámbito de la medición de resultados e impacto personalizados, que considera la experiencia contenida en su organización y alcance proyectado y, en algunos casos, incluye el financiamiento para la ejecución de estos estudios para sus programas.

Incorporar la medición de impacto en las inversiones sociales es un proceso gradual orientado a comprender el valor que genera cada programa y el cambio efectivo que está aportando. “El paso inicial requiere de un diseño adecuado de los programas, definir indicadores en las fases claves tanto en la implementación como en los resultados inmediatos y de mediano plazo. Una medición de impacto implica contar con un grupo de comparación similar al grupo intervenido y recolectar datos que permitan entender estos cambios a través de métodos experimentales o cuasi-experimentales. Una alternativa complementaria es el camino de la valoración socioeconómica que permite comprender el valor de un programa y valorizarlos desde una perspectiva de costo-beneficio, utilizando metodologías como SROI o VAN Social”, explica Magdalena Aninat, directora del Centro de Filantropía e Inversiones Sociales CEFIS de la UAI. “Construir una hoja de ruta para avanzar en medición requiere comprender el objetivo de cada organización en su medición, entender las metodologías y avanzar en incorporar indicadores de efectividad”, explica Aninat, quien también es docente del curso “De la Intuición a la Evidencia”, impartido por el CEFIS.

Medir en tiempos de crisis

La crisis sanitaria, social y económica provocada a raíz de la pandemia del Coronavirus ha movilizado más de 14 billones de dólares en recursos de inversión social filantrópica a nivel internacional para hacer frente a las consecuencias inmediatas de la emergencia. Pasada la primera fase, los aportes de inversión social de empresas y fundaciones y sociedad civil se está reenfocando en las consecuencias de mediano y largo plazo de la actual pandemia, adaptando tanto la forma de implementación de los programas como los sistemas para medir su real efectividad. Conocer el impacto real que logran los programas se torna esencial en tiempos en que las necesidades son más apremiantes y los recursos más escasos. “Sería un error entender que la Medición de Impacto y Management es algo bonito de tener en el sector de impacto social, pero que puede reducirse o minimizarse durante la crisis”, señalan los investigadores del Aspen Network of Development Entrepeneurs (ANDE).

¿Cómo afecta la crisis e incertidumbre la capacidad de medir el impacto de la inversión social? Por una parte, ha obligado a reformular la implementación de los programas y en muchos casos suspender los procesos de medición por la imposibilidad de seguir implementando un programa. “La crisis significó una reformulación de los diseños de los programas, considerando que el elemento presencial tuvo que ser traspasado a modalidades virtuales sincrónicas y asincrónicas, junto con sus etapas de evaluación. En gran parte de los casos, esta operación se realizaba por primera vez, con todos los desafíos, aprendizajes y ajustes que involucraba. En esta nueva realidad, mucho más larga y permanente que lo que proyectábamos al inicio de la pandemia, los diseños de evaluaciones tuvieron que ser repensados para el nuevo contexto, por lo que tendremos que esperar a su ejecución y análisis con vistas al ajuste de sus propuestas”, explica Patricio Mayr, Gerente de administración y control de gestión de Fundación Mustakis.

En la misma línea de lo planteado por ANDE y de lo esbozado por Mayr, según un artículo publicado recientemente por The Rockefeller Foundation,  la crisis desatada a raíz del COVID-19 ha dejado en evidencia la importancia de contar con datos confiables en tiempo real para así reorganizar los sistemas de predicción y medición de impacto. De acuerdo a Rockefeller, un paso en esta dirección sería la integración de big data y ciencia de datos a los métodos de evaluación de impacto, lo que permitiría unir las capacidades de quienes realizan investigación de impacto de programas de inversión social y medioambiental. Dada la extensión de la pandemia, un modelo de medición de impacto bien diseñado y posible de implementar en tiempos de incertidumbre requiere adaptarse. Para ello, los investigadores de ANDE recomiendan tres medidas: incorporar la recolección de datos a través de sistemas remotos, ajustar las métricas y mediciones a los parámetros que son relevantes hoy, incorporando mediciones relativas específicamente a los efectos de la pandemia, y mantener la capacidad de adaptación y flexibilidad, sobre todo considerando que la actual incerteza será una constante, al menos en el futuro cercano.

En este proceso de adaptación digital también surgen oportunidades. Programas que son intensivos en instancias presenciales o individuales, encuentran un alcance mayor a través del uso de herramientas digitales, cambiando, por ejemplo, una visita a un hogar por una llamada vía mensajería, que permite ahorrar tiempos de traslados, manteniendo un acompañamiento cercano. Es la experiencia de Fundación Liguria: “Lamentablemente en estos tiempos la mayoría de las evaluaciones de los proyectos pre-crisis tuvieron que ser suspendidas. Sin embargo, hemos empujado la obtención de resultados en los nuevos proyectos que han surgido en la situación actual. Vemos una oportunidad en hacer más eficientes ciertos procesos de algunos programas que han logrado adaptarse a un formato online”, explica su directora ejecutiva, María José Uauy.

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