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Yo no les pido la luna

26 de Julio 2020 Columnas

¿Recuerda en que estábamos hace un año? No se preocupe, para eso estamos los historiadores. El 26 de julio de 2019, el diario El Mercurio de Valparaíso continuaba una serie de publicaciones relacionadas con lo cincuenta años de la llegada del hombre a la luna. En la edición de ese día, además de la preocupación de las autoridades por los fallecidos en accidentes de tránsito y las discusiones de los altos mando respecto al nuevo sistema de financiamiento de las fuerzas armadas, se recordaba el inicio de la expedición a la luna desde cabo Kennedy en 1969.

Aunque hoy en día nada pareciera sorprendernos, hay que intentar ponderar las dimensiones de lo que esto significó en la historia de la humanidad. El desafío era extraordinario, el sueño de miles de hombres y mujeres a lo largo de la historia, la fantasía de Julio Verne hecha realidad. No solo se trataba de llegar a la luna, hecho sorprendente en sí mismo, sino además, luego de conseguirlo, lo más difícil: traer de regreso a los astronautas a la tierra.

Gran parte de los avances, durante esos años, fueron posibles gracias a la Guerra Fría. Fue esa competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética por demostrar la superioridad frente al otro, la que permitió que se destinaran incuantificables recursos en tecnología de la que hoy nos servimos (desde el microondas, los teléfonos celulares, hasta internet). Para el caso de Estados Unidos, en ninguna otra circunstancia, los electores habrían estado dispuestos a destinar gran parte de sus impuestos en tecnología y en armas, de no haber sido por el miedo a una invasión rusa o un ataque nuclear.

Ese es el drama de los gobiernos y de los que trabajamos en el ámbito de la ciencia. Si la amenaza no es real, tal como sucede hoy con el coronavirus, los gobiernos son reacios a invertir en investigación o gastar pensando en el futuro (una realidad muy similar a lo que sucede con las pensiones). Esta mirada cortoplacista es la que termina generando que, finalmente, frente a la urgencia, los gobiernos terminen gastando mucho más de lo que habrían invertido si hubiesen sido lo suficientemente previsores.

Dentro de este panorama, hay una luz de esperanza para la región de Valparaíso. Aunque la inversión en el puerto pareciera estar congelada, el turismo en estado agónico a raíz del coronavirus y el comercio por los suelos, la región tiene un capital que pocas ciudades poseen en Chile: las universidades y la capacidad de crear conocimiento.

La pandemia es una oportunidad única para que las universidades se unan en torno a temáticas que puedan mejorar la calidad de vida de las personas, la infraestructura de las ciudades, el ecosistema, etc.

Las instituciones de educación superior tienen la virtud de la mirada científica, académica, desmarcada de los colores políticos y de las presiones de los grupos económicos. Sin embargo, hasta el momento, su aporte no ha estado a la altura de las circunstancias para proveer información relevante respecto al sistema de pensiones, políticas públicas referidas a cómo enfrentar de mejor forma el coronavirus o cómo entregar soluciones al drama de los campamentos. Hay estudios, entrevistas y columnas, pero se ven pocos esfuerzos conjuntos que puedan entregar respuestas contundentes a los problemas que hoy nos aquejan.

No estoy pidiendo que las universidades de la región de Valparaíso sean las encargadas de encontrar la vacuna para el coronavirus, pero sí que estudien lo que sucede en la zona y sean capaces de diseñar, juntas, políticas públicas que se ajusten a la realidad de Puertas Negras, Santa Inés, Huanhualí, Petorca u otra zona, y que no tengamos que replicar las medidas del Gobierno que siempre están pensadas para Santiago.

Así como la Guerra Fría fue la oportunidad para que los científicos concentraran todos sus esfuerzos por llevar al hombre a la luna, mantengo la esperanza de que esta pandemia permita a las autoridades universitarias visualizar la oportunidad que tienen por delante para ser ellas quienes, a través del remolcador del conocimiento, puedan sacar a la región del estado de marasmo que se encuentra hace décadas.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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