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Y después del IFE 2.0, ¿qué?

26 de Junio 2020 Columnas

Ante el avance del coronavirus, gobierno y oposición tuvieron que ponerse de acuerdo para ampliar y profundizar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE 2.0). Este beneficio podría extenderse hasta octubre como máximo, lo que obliga a plantearnos escenarios posibles: ¿Será políticamente viable cortarlo de raíz? Si no es así, ¿se viene un IFE versión 3.0 o incluso un IFE permanente?

La respuesta simple es que el IFE es un beneficio transitorio y que, pasada la emergencia, lo correcto es reemplazarlo por un subsidio temporal al empleo que ayude a la reactivación. Esta estrategia pareciera ya estar acordada en el Marco de Entendimiento firmado por (parte) de la oposición. Y ese es justamente el punto: no toda la oposición suscribió ese acuerdo. Parlamentarios y otros actores sociales pedirán que no se corten los beneficios, dirigidos precisamente a los grupos más golpeados por una crisis sin una fecha de término clara.

Sumémosle a lo anterior la discusión pendiente que tenemos sobre desigualdad estructural, cambio tecnológico, mercado laboral e ingreso básico universal. Los instrumentos disponibles, como el ingreso mínimo garantizado o nuestro olvidado Sence, están lejos de ser una piedra angular que permita atacar estos problemas. Por lo mismo, me sumo a las voces que advierten sobre los riesgos de que el IFE se transforme en un beneficio de carácter permanente, aun cuando fue diseñado de manera transitoria, incentivando la informalidad. Frente a una reactivación débil todavía, no bastará con pedir que se respete la palabra empeñada.

Parece más adecuado aprovechar las oportunidad que nos da esta crisis, junto con la buena voluntad de acuerdos gobierno-oposición, para rediseñar un sistema integrado de transferencias monetarias y no monetarias, sostenible fiscalmente, pensado para situaciones de crisis generales —como la actual— pero también como apoyo permanente para crisis y riesgos individuales.

Este sistema debiera apoyarse en lo avanzado por sucesivos gobiernos en los últimos 20 años, desde el Programa Chile Solidario hasta el actual IFE. Articular lo existente —transferencias, subsidios, bonos, beneficios de gratuidad— más que en seguir creando nuevos instrumentos. Esto requiere pensar el sistema desde la óptica de los beneficiarios y sus familias (ventanilla única), entregando beneficios diferenciados en el tiempo según la etapa del ciclo de vida y el nivel de vulnerabilidad.

 Publicado en La Segunda.

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