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Verano todo el año

4 de Marzo 2019 Columnas

Se acaba el verano y con éste volvemos a situarnos en la realidad, la intensidad de los compromisos y las múltiples demandas vitales.

Junto al regreso al trabajo, el aumento del tráfico y el ajetreo de las compras escolares de último minuto, un buen número de nosotros nos volvemos a hacer algunas promesas para el año laboral que se inicia: Mantener cierto equilibrio para no caer en la locura del trabajo-sin-sentido, bajar los kilos que generosamente aumentamos en el verano, prometernos a nosotros mismos organizar la agenda y que ésta no nos organice nuestra vida, y tomarnos las cosas con calma, son algunas de las promesas que nos hacemos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

El verano, aquel tiempo festivo del que habla Byung-Chul Han, en una entrevista en un medio local, nos permitió recrearnos y, fundamentalmente, adentrarnos en la vida misma. Para el filósofo, deberíamos liberar la vida de la presión del trabajo, pues de lo contrario la vida no vale la pena vivirla. Pero ¿es esto posible en la vida actual? ¿Es posible tomar distancia de la cultura del rendimiento que se ha instalado en el alma de la sociedad que vivimos? ¿Podemos liberarnos del estilo de vida que nos ha impuesto la sociedad y que hemos elegido para nosotros?

Desconozco las respuestas que podemos dar a estas preguntas. Sin embargo, la evidencia que acumulamos cada día, es que el estilo de vida que estamos teniendo en nuestra sociedad, nos lleva a experimentar una ansiedad creciente y nos está haciendo enfermar.

Quizá sea por ello que se hemos visto acrecentando el valor de las prácticas de meditación y otras estrategias para manejar el estrés. En lo central, sea que se trate de las llamadas prácticas de mindfulness, yoga o el movimiento minimalista que propende a vivir con lo justo para poder ser feliz, cada una de estas estrategias nos propone volver al presente, valorar y ser agradecidos con lo que tenemos, y trabajar el cuerpo.

Mantengamos la conciencia de uno mismo, la capacidad de darnos cuenta de nuestra respiración, darnos un tiempo para no responder instantáneamente a las demandas emergentes de nuestra vida diaria y a apreciar la vida y las relaciones que nos nutren. Si logramos esto, quizá podremos sostener el tiempo festivo que hemos vivido y lograr un año laboral o académico más equilibrado.

Publicada en La Segunda.

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