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Verano del año 1907: Las aventuras de Federico Von Pilsener y Fray Pedro

6 de enero 2019 Columnas

El año 1906, don Federico Von Pilsener llegó a Chile por encargo del Gobierno alemán para que analizara las salvajes costumbres de sus habitantes. El alemán lo hizo acompañado de Dudelsackpfeifergeselle, su perro de raza dachshund, popularmente conocido como perro salchicha. Tal como era común en esa época, el agente llegó a través de un barco que recaló en el puerto de Valparaíso, cuando el desembarco se hacía por intermedio de botes. Esto, con tal mala suerte, que en la maniobra cayó al mar. Gracias al viento y su inmenso paraguas, el extranjero de 107 kilos y 7 gramos, según apunta la crónica, logró ser sacado del agua por una grúa del muelle fiscal. Tanta espectacularidad se explica porque, en realidad, se trataba de una historieta, la primera en la historia de Chile, de acuerdo a la crónica de Jorge Montealegre.

A Von Pilsener le tocaron hechos extraordinarios, como las elecciones presidenciales y el terremoto de 1906 que, aunque lo sufrió en Santiago, lo dejó anonadado del terror. Un año después volvió a Chile en pleno verano: “y como había dado en la manía de creerse persona distinguida resolvió veranear en Viña del Mar”. Y, a continuación, se indica el programa de actividades del curioso protagonista: “por la mañana dos horas de baño, para curarse un reumatismo agudo adquirido durante la navegación (…) Y luego, flirt desenfrenado todo el resto del día”. El panorama incluía carreras de caballos en el Sporting. La alegre visita concluyó de la peor forma cuando, llegado el carnaval, recorrió triunfalmente el pueblo, disfrazado de turco en un coche lleno de flores. Su problema fue que puso algunas ramas de litre, sin conocer sus efectos venenosos. Lleno de granos, terminó la aventura estival en el lazareto en calidad de bucónico.

Las crónicas de Von Pilsener, publicadas en la revista Sucesos, permiten armar un perfil de Chile, en general, y de Valparaíso y de Viña en particular. Su creador, que firmaba bajo el seudónimo de Lustig, buscaba, por intermedio de este torpe personaje, destacar aquellas cosas que, aunque podían resultar normales para un chileno de inicios del siglo XX, eran absolutamente anormales para un extranjero.

La razón oculta era que detrás de este seudónimo, se escondía Pedro Subercaseux, que había vivido gran parte de su vida en Europa. Detrás de su divertida mirada, existía una profunda crítica a prácticas locales, como la compra de votos o el sabor de la comida en el club alemán de Valparaíso, que lo hacía dudar incluso, de que pudo haber sido carne humana.

La historia del caricaturista terminó siendo más increíble que la de su personaje, Von Pilsener. Hijo del famoso pintor y diplomático Ramón Subercaseaux, nació en Roma y ahí se formó conociendo de cerca a los genios de la pintura europea. Aunque muy pocos conozcan a Von Pilsener, quizás reconozcan obras como el “Descubrimiento de Chile” y “Abrazo de Maipú”, cuadros extraordinarios que terminaron configurando la memoria visual de hechos que, en realidad, fueron menos grandilocuentes de como los pintó Subercaseaux.

Lustig, como señala Jorge Montealegre en la reedición de Von Pilsener, fue su “Otro Yo”, uno que pasó fugazmente por el humorismo gráfico, aunque suficiente para establecer un hito en la historieta cómica de Chile.

De igual forma, el tránsito por Valparaíso también marcó a Subercaseaux. Aquí conoció a Elvira Lyon Otaegui, con quien se casó en 1906. Una unión particular, considerando que ella habría asumido un voto de castidad. El matrimonio “espiritual” duró 14 años hasta que ambos, agrega Montealegre, se consagraron a la vida religiosa. Tiempo después, Fray Pedro fundó el monasterio de los benedictinos en Las Condes y tuvo el mérito de pintar al papa Pío X, a quien conoció cuando solicitó su anulación matrimonial.

Aunque el recuerdo de Subercaseaux esté asociado a algunas imágenes clásicas de la pintura chilena y a su labor religiosa, su alter ego nos dejó una particular mirada del puerto de Valparaíso y de Viña del Mar a inicios del siglo XX que vale la pena volver a revisar y disfrutar.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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