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Valparaíso, qué disparate eres

28 de febrero 2018 Columnas

Como este mismo medio ha dado a conocer, el 2017 se recibieron 10 cruceros durante el mes de febrero, lo que se traducía en 23.840 turistas en nuestro territorio. Este 2018 en cambio, se recibirá sólo una embarcación con 1.170 visitantes (es decir, menos del 5% del año pasado). Las protestas portuarias del 2017 habían terminado por gatillar esta verdadera crisis. Las compañías habrían perdido todo tipo de certezas y se dirigieron a San Antonio. Hoy, autoridades y empresarios están preparando un viaje para participar de la más importante feria de cruceros en Miami con la finalidad de “recuperar confianzas”.

Pero, ¿cómo entender realmente el problema? A mediados del año pasado, en un reconocido noticiario de televisión, se presentaba el reportaje “Valparaíso: ¡Que disparate eres!”. La pieza audiovisual se hizo popular y bastante viralizada. Recogiendo la célebre obra de Pablo Neruda, su tesis era bastante simple: la ciudad puerto parece vivir en una continua desgracia, con terremotos, incendios, inundaciones, ciudadanos irresponsables y malas administraciones, pero sigue siendo la localidad más entrañable del país.

“Disparate”, palabra utilizada también por el mismo Pablo Neruda, alude según la RAE a la ausencia de razón. Difícilmente el Nobel de literatura iba a ser ambiguo a la hora de describir su territorio amado. Quizás, de hecho, es precisamente la palabra que mejor caracteriza a Valparaíso, una ciudad llena de alma pero que carece de raciocinio. Una ciudad con historia, pero con habitantes que la desconocemos. Una ciudad donde convive el arte de sus interesantes grafitis con la decadencia de sus repudiables rayados. Una ciudad que alberga patrimonios arquitectónicos invaluables, pero que hoy están a punto de desaparecer por decisiones, en efecto, disparatadas… o irracionales.

Está claro que a este problema le subyace la soledad de un incuestionable abandono, el cual viene siendo denunciado por las autoridades locales desde hace años. Sin embargo, la ausencia de raciocinio de la ciudad también parece fundarse en aspectos culturales que han hecho imposible la materialización de un plan (¡y vaya que nos acercamos a la razón cuando planificamos!). Confiando quizás más en su alma de lo que debiese, el “disparatado” porteño tiende a ser reactivo y cortoplacista, prescindiendo de una articulación seria en pos de la consecución de objetivos más profundos.

Por todo esto, es imposible entender el “caso cruceros” sin retrotraemos a la descripción nerudiana del popular reportaje.

Pensar que la crisis se produjo por incidentes portuarios específicos puede ser casi tan peligroso como pensar que la solución se encontrara en Miami. Si de verdad buscamos renunciara la lógica del disparate, se hace necesario un trabajo serio en la determinación de los elementos de fondo que han terminado por gatillar esta crisis. Quizás así nos demos cuenta, como ya han insinuado algunos actores, que las verdaderas soluciones difícilmente estarán a la vuelta de la esquina. En definitiva, urge entender que para planificar una estrategia eficiente no tan sólo necesitaremos alma, sino que también un poco de razón.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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