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Val_infierno

1 de Diciembre 2019 Columnas

Una de las preguntas que ha surgido en estos últimos días es si lo hechos de violencia que han ocurrido en el puerto de Valparaíso son los peores de su historia. Aunque las comparaciones siempre son odiosas, vale la pena revisar hacia atrás respecto a cuáles han sido los acontecimientos más desgraciados de esta ciudad de similares características a lo que estamos sufriendo.

En orden cronológico, si hay un hecho catastrófico en la historia de la ciudad fue la guerra civil de 1891. El testimonio de Víctor Arellano en sus recuerdos de las batallas de Concón y Placilla es categórico: “A las dos de la tarde entraban a la ciudad los libertadores. A esa misma hora principiaban las persecuciones contra los que no participaban de la revolución. Balmacedista que se divisaba en las calles, era asesinado por las turbas armadas y por los soldados que se entregaban a todo género de depredación…Más de mil cadáveres se encontraban en las calles de Valparaíso la mañana del 29 de agosto, chilenos todos sacrificados en nombre de la libertad triunfante. Para asesinar no se respetó ni a los ancianos, ni a las mujeres ni Las cifras y el relato es exagerado, aunque no se ha estudiado a fondo el tema, el número de muertos habría sido cercano a las 300 personas, una cifra altísima.

Unos años después, en 1903, las calles del puerto volverían a mancharse con sangre, esta vez a raíz de la huelga portuaria. Esta se inició cuando los trabajadores presentaron una serie de peticiones, bastante razonables, pero que fueron desechadas por la Pacific Steam Navigation Company (PSNC). La violencia fue creciendo hasta desatarse completamente el día 12 de mayo. En el primer enfrentamiento, uno de los trabajadores murió producto de un disparo de la policía, lo que enardeció a la masa que intentó atacar los edificios de la Intendencia y de la PSNC, pero que estaban bien resguardados. Entonces, desquitaron su rabia con el edificio de la Sudamericana de Vapores y, vaya novedad, El Mercurio de Valparaíso: “Lanzaron piedras que destruyeron los vidrios, dispararon varios tiros de revólver, destrozaron las puertas y pretendieron penetrar al interior del edificio. Ante el peligro inminente, el personal de empleados del diario que se encontraban organizaron una defensa vigorosa que dio por resultado el retiro de los asaltantes”. Posteriormente, comenzaron los incendios y saqueos en la ciudad. Solo en la noche, con la llegada de tropas de refuerzos de Santiago, se restauró el orden, aunque nuevamente con un saldo lamentable: 30 manifestantes muertos y más de 300 heridos, 28 de ellos, uniformados.

Sólo tres años después, vendría otro hecho catastrófico para la ciudad, el terremoto de 1906. Posterior al movimiento telúrico, hubo un incendio que devastó una parte importante del plan. Como si el desastre natural no había sido suficiente, en los días siguientes, los delincuentes aprovecharon el miedo de las personas por regresar a sus casas para robarlas. La orden de la autoridad fue que los delincuentes que fueran sorprendidos infraganti cometiendo delitos quedaban sujetos al máximo de la pena que ley civil o militar autoriza: la pena de muerte. El jefe de plaza, Luis Gomez Carreño se preocupó de que se cumpliera la ley a cabalidad. El resultado fue más de una docena de personas fusiladas a vista y paciencia de la población.

Aunque –todavía-no hay muertos por los hechos ocurridos a partir del 18 de octubre, los daños materiales son cuantiosos. A diferencia de otras crisis, incluida la de 1973, lo dramático y compleja de esta movilización es que no hay bandos. Hay una violencia anárquica e irracional, de la que se han aprovechado los delincuentes y, junto con esto, una dramática sensación de indefensión de las personas, que se ve acentuada por la ausencia de una autoridad que pueda ponerle coto. Finalmente, lo que hace que la actual situación de caos sea aún más preocupante es que, en contraste de las anteriormente mencionadas, Valparaíso tenía un potencial económico como puerto que le permitió levantarse de cada una de ellas, incluso renovado, como ocurrió luego de 1906. Ahora esa respaldo no existe, por el contrario y disculpe lo pesimista, este pareciera ser el corolario de una ciudad que venía cayéndose a pedazos y donde todos, unos más que otros, hemos tenido algún grado responsabilidad.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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