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Un estallido de hambre

31 de Mayo 2020 Columnas

Polémica causaron las palabras que esta semana pronunció el ministro de Salud, Jaime Mañalich, a propósito de la pandemia que afecta al país. El secretario de Estado advirtió que en un sector de Santiago “hay un nivel de pobreza y hacinamiento del cual yo no tenía conciencia de la magnitud que tenía”.

Vergonzosos dichos de la autoridad, que se enfrentan a una compleja realidad que  no es para nada nueva. Se trata de una pobreza –y de una clase media que vive en el límite- que es parte estructural de este Chile desigual, que una élite del país no ve o prefiere no ver.

De hecho, 24 horas después de sus dichos, Mañalich intentó explicarse: “Evidentemente como Ministerio de Salud y yo como ministro, tenemos un conocimiento muy acabado de la realidad del país”, dijo. Y ojalá así sea. Ojalá el secretario de Estado tenga claro algo que no es una primicia: dentro de los países de la OCDE, somos una de las naciones más desiguales, con un índice de Gini que refleja que tenemos uno de los mayores niveles de concentración de la riqueza. Y el estallido social de octubre de 2019 precisamente apuntó a aquello. “No son 30 pesos, son 30 años”, advertían las pancartas, haciendo referencia al carácter histórico de una desigualdad que está enquistada en nuestra sociedad, en realidad, desde la época de la colonia.

Y el Covid19 no vino sino a desnudar crudamente esta situación, de la que el ministro afirmó recién enterarse. No era impensable –y diversos actores lo habían adelantado, incluido el Colegio Médico- que cuando el virus saliera de Las Condes y Vitacura, su manejo sería muchísimo más difícil, precisamente porque sería mucho más complejo el resguardo de la distancia social y el aislamiento. Y así ha sido. De hecho, en la capital el número de casos activos creció en 42%. ¿Cómo se aísla al familiar enfermo, en un grupo de ocho a diez personas que vive en un departamento de 40 metros cuadrados? ¿Cómo se mantiene la distancia social cuando se deben formar largas filas para cobrar los bonos del gobierno o las pensiones asistenciales? ¿Quién puede siquiera pensar en quedarse en casa cuando la comida escasea y el ingreso es diario?

Y la situación no tiene atisbos de mejora. Esta semana se dio a conocer también la tasa de desempleo para el Gran Santiago, la que alcanzó niveles históricos: 15,6%, la cifra más alta en 20 años, según la encuesta realizada por la Universidad de Chile. Para peor, esto solo refleja la realidad hasta marzo, sin contabilizar a quienes perdieron el trabajo por efectos de la crisis sanitaria. En la región de Valparaíso, el INE muestra en su página que los desempleados alcanzan a 10,7% en el trimestre febrero-abril, lo que también adelanta que el invierno será bastante más crudo de lo que suele ser.

En esta materia, el estallido social de octubre pasado golpeó fuertemente al país, pero todavía no está claro cómo esta realidad empeorará a partir de la pandemia y el establecimiento de cuarentenas. Lo que sí han adelantado, tanto el gobierno como los economistas, es que habrá un aumento dramático de las personas sin trabajo. Y eso es altamente preocupante.

Porque a la falta de trabajo le siguen la pobreza, el hambre y el frío de invierno. Y porque a la pandemia podría sumársele otro convidado de piedra: un nuevo estallido social, un estallido de hambre –que ya se ha adelantado en algunas comunas de la capital-, que a su vez se puede conformar en un nuevo foco de contagio. Un terrible círculo vicioso, alimentado además por las ollas comunes, que han comenzado a hacer su debut en distintas zonas de la capital y también en la V Región para paliar el hambre de niños, adultos y ancianos. Un hambre que no perdona y que acecha a diario. Y que claramente no puede ser paliada con una escuálida caja de alimentos.

Bajo esta realidad, la reunión que sostuvieron el viernes representantes del gobierno, Chile Vamos y la oposición, con miras a buscar un pacto en torno a protección social, reactivación económica y estrategia fiscal cobra relevancia. Un acuerdo en esta materia es hoy más urgente que nunca, pero sin cojera, sin ceguera, sin cortoplacismos. La gravedad de la situación es tal, que urge incluir a todos los sectores, comprendiendo una vista total de la realidad del país, en la que nadie pueda desconocer que hay chilenos que están pasando complejidades, no solo por el Covid 19, sino por el hambre que acecha y que no perdona. Y, por si el ministro Mañalich no lo tiene claro, una situación que complica no solo a Santiago, sino también a la V Región y a gran parte del país.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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