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Un brindis macabro

2 de Enero 2020 Columnas

Un joven encapuchado y con lentes de protección alza su mano y brinda con una copa de vino. Está sentado en medio de la calle en una silla que ha “sacado” del restaurant recién saqueado, destruido y quemado. Muy cerca suyo arde una pira de sillas. El joven es de agradable aspecto, lleva el torso desnudo y se percibe su contorneada musculatura. Mira directamente a la cámara, no tiene miedo. ¿Cuál es el motivo de su brindis? ¿En qué consiste su macabra fiesta?

Leo el testimonio de los bomberos de la comisaría que acudieron a apagar ese incendio y tantos otros similares. Una de las experiencias duras fue la de toparse con el joven de la foto descrita. También dicen haber visto bailes desaforados alrededor de fogatas, como en una ceremonia tribal de oscura raigambre.

Otro de los momentos más duros, relatan los bomberos, es el “diálogo” con una joven mujer encapuchada que les impide el paso al metro Baquedano. La frase de la joven es lapidaria: “si pasan les quemamos el carrobomba” y luego, en relación a los carabineros que estaban en la estación. “son pacos, tienen que morir”. Creo que con esto basta, de hecho es demasiado para poder elaborarlo con las categorías de pensamiento que más a mano podamos tener.

No me sirve ni la “banalidad del mal” de Hannah Arendt para pensar el Holocausto, ni me sirven las categorías del filósofo esloveno Žižek quien piensa la sociedad capitalista mediante los conceptos de violencia objetiva (sistémica) y violencia subjetiva (la más visible y que asusta). Esto no es solamente violencia contra violencia, al estilo de los rayados que dicen “violencia es vivir con 350 mil pesos mensuales”. En ese rayado prima la lógica de Žižek. Esto es otra cosa. ¡¿Pero qué cosa?! ¿Qué es esa violencia que no ve de modo alguno que ese “paco” no es solamente un “paco”, sino que también un esposo o un padre de un hijo pequeño que lo espera en casa? ¿Qué es esa violencia del joven que brinda en medio del desastre que él mismo ha ocasionado?

Busco ayudo en la literatura y la lejana lectura del “Señor de las Moscas” de Golding. Me acuerdo del grupo de muchachos ingleses náufragos que terminan bailando enfervorecidos alrededor del fuego y del compañero que han asesinado. El primer sistema de sociedad que crean es el de la caracola, aquél que la sostiene puede esgrimir su punto de vista y la caracola pasa de mano en mano. Pero luego abandonan la caracola por la carne semi cocida del jabalí y el terror sobre el otro.

Nuestro joven del macabro brindis ha abandonado la caracola, la joven que quiere quemar a los pacos también. Quizás nuestros políticos en parte también lo han hecho. Casi sin atreverme me hago las siguientes preguntas: ¿Qué va a ser del joven del macabro brindis? ¿Está aún a tiempo de entrar en una dinámica social diferente? ¿De ser así, cómo? ¿De no ser así, qué haremos con él los que aún creemos en la necesidad de la caracola?

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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