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Un asunto de interés público

20 de Octubre 2022 Columnas

La Organización Mundial de la Salud describe la salud mental como un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes para poder afrontar las presiones normales de la vida, trabajar fructíferamente y ser capaz de contribuir a su comunidad. Y la propia OMS plantea que, para lograrlo, es indispensable un conjunto de condiciones biológicas, psicológicas y sociales que se manifiesten en un ambiente de respeto y protección a los derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos.

Sin la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos, resulta muy difícil mantener un buen nivel de salud mental. Desde estas aproximaciones, la comunidad internacional ha establecido una íntima relación entre la vivencia individual de la salud mental y las condiciones de sociales y culturales en las que ésta se despliega.

Posiblemente, para cada uno de nosotros, esta imbricación ha sido particularmente evidente en este año de postpandemia. El conjunto de estresores económicos, sociales, políticos y culturales, así como las propias reacciones individuales al estrés que hemos vivido, han hecho evidente la fragilidad crítica de nuestro bienestar biopsicosocial.

Múltiples encuestas, aunque no siempre con rigor metodológico, han evidenciado una alta sensibilidad al malestar psicológico que un gran número de personas comienza a manifestar. Tenemos también evidencia empírica del creciente número de personas que han ingresado a los programas oficiales de salud mental, y sabemos, además, que los profesionales de esta área han evidenciado un aumento explosivo de consultas.

A su vez, parte de la sociedad ha comenzado a hipotetizar que algunos de nuestros problemas de convivencia social pueden estar condicionada por esta mayor afectación en nuestra salud mental.

Cabe preguntarse si realmente estamos psicológicamente tan mal o si es que tendemos con cierta facilidad a atribuir nuestra vivencia de estrés a problemas de salud mental. Indistintamente de la respuesta, pareciera que los desafíos actuales de nuestra vida, deben pasar por la temática de la salud mental y las denominadas prácticas del bienestar socioemocional. Este paso no está asociado solo al conjunto de nuestras acciones individuales, sino también a la definición e implementación de estrategias organizacionales y sociales.

Hoy, posiblemente más que en otros períodos, debemos asumir una actitud proactiva para hacernos cargo en conjunto, como sociedad, de nuestra salud mental y nuestro bienestar. Para ello proponemos asumir una vida con sentido, capaz de crear espacios humanizantes y que promueva la salud y el bienestar personal y relacional en su más amplia expresión.

Publicada en La Segunda.

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