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Tiempos oscuros

22 de Abril 2020 Columnas

Han empezado a circular varias noticias extraordinarias en relación al comportamiento de algunos animales desde que ha pasado un buen tiempo del confinamiento humano. Imágenes de tortugas en peligro de extinción que desovan en calma en la playa y  sus crías que llegan con éxito al océano. Un leopardo de las nieves en un parque nacional en Rusia que llevaba años sin ser visto ahora se anima a desplazarse por terrenos que le eran vedados. Un ciervo que juguetea libremente a las orillas del mar una y otra vez regodeándose hasta hartarse.

Son imágenes ciertamente de una enorme belleza. Pero de una belleza estremecedora. Y si las imágenes mencionadas son estremecedoras es porque dan cuenta de esa libertad perdida que los animales han vuelto a gozar.

Es perturbador enfrentarse al hecho tan palpable de que vuelven ellos  a tener un respiro gracias a nuestro confinamiento. Desde hace un buen tiempo que algunos movimientos han intentado alzar las voces sobre la violencia sistemática que se ejerce sobre los animales.  La filósofa francesa Corine Pelluchon postula en su “Manifiesto Animalista” que el modo en que tratamos a los más débiles, llámese animales, enfermos, población más desvalida, etc, tiene mucho que decir sobre nuestra humanidad perdida.

No se trata de “ser buenos” y hacer lo correcto por conveniencia, sino de comprender y de vivenciar de modo radical que nuestro destino está indisolublemente ligado al de esos más débiles. Muchas veces los tiempos de crisis han dado pie a transformaciones sociales y tecnológicas que dan cuenta de la dimensión de esa crisis.

El presidente Franklin D. Roosevelt creo el así llamado pacto social durante la Gran Depresión de los años treinta en Estados Unidos. La Segunda Guerra Mundial concreta la visión de que no podemos desatendernos del destino de otras naciones mediante la creación de la ONU.  La filósofa judía alemana Hannah Arendt sostiene que la verdadera actividad del hombre es la del hacer, entendido como el surgimiento de algo nuevo. También ella, en su libro titulado “Hombres en tiempos de oscuridad”, sostiene una cierta convicción: “que incluso en los tiempos más oscuros tenemos el derecho de esperar cierta iluminación”. Ella pensaba que esa iluminación podía venir de ciertos hombres y mujeres. Pero ella es una filósofa del siglo XX, no del XXI. ¿Qué va  a nacer de esta crisis?  ¿Seremos capaces de parir algo nuevo?

El cantante lírico Andrea Bocelli ha ofrecido durante el domingo de resurrección un concierto desde la impotente Catedral de Milán. Su simbólica es clara: parado solo desde el frontis de esa magna obra de la arquitectura gótica, ese hombre ciego, intenta resucitar la fuerza ya agónica del espíritu cristiano europeo. En este siglo, quizás, no hay nada seguro, esa iluminación, de venir, podría venir de una nueva conciencia. Una que brote al observar la estremecedora belleza de la libertad recobrada de los animales.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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