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Tiempos interesantes

22 de Noviembre 2021 Columnas

Hay una maldición china que reza: “ojalá te toque vivir tiempos interesantes”. Los nuestros no carecen ciertamente de interés. Y no parece tampoco que vayan a dejar de tenerlo. Por el contrario, todo sugiere que tenemos entretención para rato. Por de pronto, los resultados de la elección de ayer parecen anunciar un inesperado giro en la trama que venía tejiéndose en los últimos años. Cuando el país parecía girar resuelta (y temerariamente) hacia la izquierda, gana en primera vuelta José Antonio Kast. Esa victoria, como bien sabemos, bien puede repetirse en segunda vuelta. ¿Cómo se condice este resultado de la primera vuelta con el estallido y los resultados nada ambiguos de las últimas elecciones?

Es difícil decirlo. Nada más ocurrir el estallido, cundió la idea de que su causa era el hastío, la decepción con el modelo “neoliberal”. Las elecciones siguientes parecieron confirmar ese diagnóstico. Sin embargo, ese hastío parece haberse disipado rápidamente. En dos años. Probablemente la razón de este “giro en la trama” se deba a la radicalización e irresponsabilidad de parte importante de la izquierda y, sobre todo, al, en el peor de los casos, enaltecimiento, y, en el menos descarado, relativización de la violencia. Quienes se dejaron embriagar por las oportunidades que les ofreció el estallido parecen no haber sido conscientes de que era cuestión de tiempo para que, una vez desatado el caos y la incertidumbre, se produjera una reacción por la derecha. La pregunta, entonces, es si acaso el resultado de la primera vuelta será o no para esos sectores un balde de agua fría. Ojalá lo sea. Pero es improbable. Difícilmente la izquierda radical verá a Kast como una reacción a su propia política. Como un hijo no deseado, digamos. Esa izquierda se ha complacido en tratar a Piñera como un dictador y han hecho todo lo posible por destituirlo. Si finalmente gana Kast, ¿cómo lo tratarán? ¿Admitirán que es el Presidente legítimo o desmerecerán su triunfo diciendo que su elección es culpa de los “fachos pobres”? Por otra parte, ¿por qué no podría ser siquiera “admisible” que Kast ganara la elección? ¿Y cómo estarían contribuyendo a la democracia quienes dicen y piensan eso?

La radicalización de la política no augura nada bueno. La democracia no puede funcionar si algunos de sus actores o partidos creen que ellos tienen el monopolio o, más aún, son la encarnación misma de la representación democrática. El empequeñecimiento del centro —empeñado en su suicidio, dicho sea de paso— no anticipa nada positivo en este sentido. En cualquier caso, todos los actores políticos tienen hoy la responsabilidad enorme de intentar restablecer el entendimiento y la convivencia democrática. Sin ello, el resultado de cada elección parecerá una cuestión de vida o muerte.

Publicada en El Mercurio.

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