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Terror en La Calera

30 de Septiembre 2019 Columnas

La revisión de los diarios antiguos, específicamente de El Mercurio de Valparaíso hacia fines del siglo XIX, nos entrega una gran cantidad de informaciones portuarias, económicas, políticas y literarias. Junto con las grandes noticias, la crónica diaria proveía, de vez en cuando, datos curiosos o hechos trágicos que se armaban a partir del relato de testigos.

En este contexto y, de la misma forma como ocurre hoy en día, la semana posterior al 18 de septiembre era de balances. Luego de varios días sin publicaciones, El Mercurio de Valparaíso comenzaba a recoger las informaciones que llegaban desde el resto del país. En un lejano 1879, algunos meses después de iniciada la Guerra del Pacífico, las festividades habían sido minimizadas en respeto al contexto que se estaba viviendo. Todavía el Huáscar seguía haciendo sus correrías, las autoridades chilenas buscaban la forma de darle caza, mientras que la opinión pública criticaba su ineptitud.

Indiferente a la política de austeridad del gobierno respecto a las celebraciones patrias, al juez del distrito de La Calera, de apellido Ortega, se le ocurrió armar un espectáculo pirotécnico de enormes proporciones en medio de la ciudad. Con este fin, instaló en el centro de la plaza un “volcán”. Se trataba de un artefacto, similar a un cañón, hecho de fierro colado, de dos metros de largo, un decímetro de ancho y una pulgada de espesor en las paredes. Además de rellenarlo de pólvora, se le agregó azufre y otros materiales explosivos.

El hecho causó expectación en la población que se reunió en torno al volcán para ser parte de los fuegos artificiales, aunque los más cautos tomaron las precauciones correspondientes. Lo que vendría a continuación, según el relato de El Mercurio de Valparaíso pareciera sacado de una mala película de terror estadounidense:

“Llegó la hora de encender el volcán y con élla la hora de una catástrofe horrible. El cañon que lo formaba estalló en mil pedazos, que se distribuyeron en todas las direcciones matando e hiriendo, en medio de gritos, llanto y espantoso aturdimiento detodos. Un minuto despues la plaza presentaba un cuadro desgarrador. A la alegría habia sucedido los ayes, los sollozos, los gritos de desesperacion, las carreras en todas las direcciones en busca de los mas urjentes ausilios”.

Restablecida la calma, comenzaron a dimensionar la catástrofe y sus consecuencias. Un alemán, José Krausse, recibió un pedazo de fierro en la espalda y lo atravesó de parte a parte. Murió dos horas después.

Un niñita de once años, Rosa Núñez, recibió otro pedazo de fierro en el vientre y también murió, mientras que su madre sólo tuvo una ligera herida en el brazo.

Dionisio Morales, de profesión zapatero, fue herido en el cráneo por un trozo de fierro y también murió más tarde, como otro de los heridos que falleció camino al hospital.

Hubo, según la crónica, además de estos fallecidos, “un total de siete heridos de gravedad y como diez contusos levemente”.

Luego agregaba el diario: “Se calculará cuál fue la gravedad de la esplosion considerando que el volcán estaba en el centro de la plaza, y sin embargo los trozos del cañon alcanzaron hasta las casas”.

El espanto, continúa el relato, fue indescriptible, y hasta la fecha de la publicación de la nota, un 24 de septiembre, éste podía notarse en todos los semblantes y el silencio de la población que, en general, se caracterizaba por tener un comercio animado. Además, se informaba que el autor de la idea, el juez Ortega, estaba escondido, evitando así las represalias de un pueblo indignado.

Para mayor desgracia, concluye la crónica, recogida del periódico El Estandarte Católico: “En aquel pueblo no hai ni un solo sacerdote ni una capilla; asi es que los heridos carecieron de los necesarios ausilios relijiosos”.

De esta forma, la celebración de los 69 años de la independencia, que debía ser un día de fiesta para la ciudad, se terminó transformando en un 18 sangriento, una fecha que los caleranos tardaron mucho tiempo en poder olvidar.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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