Socavones: antes preparados que confesados

25 de Junio 2024 Columnas

En un pasaje bíblico de Jueces, Débora predice que las montañas fluirán ante el Señor. Debido a este verso, en reología–cuya etimología proviene del griego ρει, fluir–se define una cantidad con el nombre de la única profetisa bíblica, que depende de cuánto tiempo se espera u observa un material hasta que fluya. Después de casi un año desde que ocurrió el primer socavón en Reñaca y viendo cómo se han producido más, pareciera que estamos esperando ver cómo fluye la duna, esperando que se cumpla la profecía.

Más allá de los socavones, hay que recordar que las dunas son estructuras sedimentarias dinámicas. Incluso en condiciones secas, el viento puede movilizar y desestabilizar la duna, haciéndola fluir. Nuevamente, el tiempo de observación nos ayuda a entender cómo ha cambiado la duna. Si comparamos el Campo Dunar actual con el de hace unas décadas, veremos que se ha desplazado y deprimido, ha fluido, pero a una tasa más lenta que la observada en los socavones. Esto no significa que no tengamos que mantener y reevaluar, o quizás adaptar, la infraestructura que interactúa diariamente con la arena. Hoy es posible ver calles río abajo de la duna completamente cubiertas por la arena. La diferencia con lo observado en los socavones es la lentitud con la que fluye, permitiéndonos reaccionar.

En los socavones, la duna ha fallado rápidamente con cada lluvia. La arena no es suelo consolidado, no hay cohesión entre los granos. Es posible construir castillos de arena cuando la arena tiene poco contenido de agua; esto se debe a la capilaridad del agua, que genera la cohesión que la arena por sí sola no posee. La falla ocurre cuando la arena se satura y se pierde la capilaridad, y tal como advierte Débora, una montaña de arena puede fluir súbitamente. Esto requiere mayor capacidad de reacción.

Es entonces frustrante ver que, pese a todo el interés asociado a los socavones–casi rayando en lo morboso–no se actúe y se busque ser jueces. Sobre todo, pensando que se tuvo casi un año para monitorear y brindar resiliencia al sector, con estudios y soluciones técnicas. Una parte importante de la opinión pública y privada juzga más de lo que propone y en un problema tan dinámico como el colapso que está sufriendo la duna, el tiempo es crucial. Contrario a lo mencionado en una columna sobre vacunas y eventos naturales hace casi un mes, desde la academia y la investigación sobre sedimentos y flujos granulares, hay compromiso. Estamos en condiciones de realizar o asesorar estudios que proporcionen soluciones técnicas o modelos para cuantificar, prevenir y solucionar el problema. Es imperioso que la opinión pública y los recursos se vuelquen hacia la ciencia y la ingeniería, no hacia el enjuiciamiento del pasado que no entregará soluciones rápidas. Habrá tiempo para eso después. Trabajemos para que los socavones nos encuentren preparados, y no necesitemos estar confesados.

Publicada por El Mercurio de Valparaíso.

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