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Sobre la eugenesia

3 de diciembre 2018 Columnas

Señor Director:

En su columna de ayer, el profesor Juan Eduardo Carreño nos invita a reflexionar sobre la edición genética de embriones humanos. Uno de los riesgos que él ve con esta práctica es “reducir la reproducción del hombre a una actividad fabril”. Aunque parezca un escenario de ciencia ficción distópica, la amenaza sería real, pues la justificación para introducir “mejoras” en nuestra especie modificando su ADN puede entenderse de muchas maneras; entre ellas, la optimización laboral (algo que parece de suyo aberrante).

El filósofo norteamericano Michael Sandel, en “The Case Against Perfection” (2007), se pone en el caso de que estas mejoras sean mucho más felices; por ejemplo, cuando se busca corregir una patología. Incluso en ese escenario, él se opone a la eugenesia. Plantea que esta podría distorsionar algo muy profundo: la relación entre padres e hijos. Su argumento es que el amor que sentimos por ellos es abierto, indeterminado, “no contingente a sus talentos o atributos”. Eso explica por qué los amamos “tal como han nacido”, lo cual naturalmente incluye cualquier tipo de enfermedad o deformación. Por eso sería esencial que todas sus características sean impredecibles al momento de nacer.

Publicada en El Mercurio.

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