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¿Quiere bolsa?

4 de julio 2018 Columnas

La ley que prohíbe las bolsas plásticas es reflejo de una tendencia global y local para erradicar su uso. Evitarlas se ha transformado poco a poco en un sentido común a partir de la evidencia de la contaminación del plástico en los océanos y de la fauna marina afectada por su ingesta. Se ha hecho palpable que el beneficio de su uso es fugaz comparado con el costo ambiental que imprime. Las grandes empresas saben que, en un futuro cercano, entregar bolsas plásticas será considerado como una práctica contraria a su discurso y desempeño sustentable, algo crecientemente exigido por los consumidores. El pequeño y mediano comercio verá, a su vez, el progresivo cambio cultural hacia nuevos formatos, como la bolsa de tela. No es casual que, por estos días, se pregunte al cliente si quiere bolsa. Será cada vez más políticamente incorrecto aceptarla.

El recurso constitucional contra la ley podría haberse acogido favorablemente, pero no hay recurso ante el cambio social que rápidamente se experimenta contra las bolsas plásticas. Sus productores podrán argumentar que afecta el trabajo y limita el crecimiento, pero pronto verán que nuevas prácticas de consumo presionarán a repensar la industria e innovar en sus productos. Se podrá esgrimir que un impuesto opera mejor en el mercado que una prohibición; pero el veto a las bolsas plásticas ya está socialmente acordado. Más vale anticiparse que resistirse.

*Escrita junto al profesor de la Escuela de Negocios y director del Centre for Business Sustainability de la UAI,  José Luis Opazo.

Publicado en el Diario Financiero.

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