arrow-right host location public time type

¿Quién miente?

7 de febrero 2018 Columnas

El aumento de la competencia hace que los medios tradicionales, antes anclados a ciertos patrones ideológicos (Monckeberg 2010), deban ir prescindiendo de esas referencias y lealtades para competir por la atención de lectores y audiencias.

La prensa escrita aparece como un formato idóneo para recuperar su misión original, diferenciándose de los «social media» en cuanto a amplificadores de posverdad, y servir como mediador más objetivo y riguroso de la realidad. Diversos reportes calculan que durante 2017 las noticias falsas sobre Chile fueron vistas o compartidas cerca de 3,5 millones de veces en redes sociales.

La contextualización de la información comienza a ser una práctica recurrente de ciertos medios tradicionales en Chile, a la par de lo que ocurre en el resto de la región (tal como reporta el informe de 2014 de la Fundación Konrad Adenauer “El boom del fact checking en América Latina”, http://www.kas.de/wf/ doc/14235-1442-4-30.pdf). Sobre todo como antídoto para evitar que ciertos actores de la élite recurran a una entrega de datos falsos como método de propaganda. Sin ir más lejos, y coherente con tendencias registradas en Estados Unidos (Factcheck.org del Annenberg Public Policy Center, PolitiFact o el FactChecker del Washington Post) diversos medios han venido desarrollando instrumentos que hacen un seguimiento riguroso de las afirmaciones y cifras entregadas por actores políticos o candidatos. A esta tendencia también se han unido otros medios como CNN Chile con el “ChileCheck”, en alianza con Espacio Público. Pero la necesidad de un fact checking se extiende hoy a empresas – con igual nivel de exposición que la élite política- respecto de sus resultados financieros y prácticas del día a día.

Es de esperar que este tipo de instrumentos y metodologías de verificación se sigan consolidando al alero de medios, instituciones sin fines de lucro académicas o «think tanks» de prestigio.

Incluso, que se extender a una fiscalización y certificación de los estudios de opinión tan debatidos y enjuiciados en la reciente elección presidencial chilena como reporta el estudio de Navia y Espinoza (2017) que reveló la falta de prolijidad de éstos al sobre y subrepresentar la población de algunas comunas en sus estimaciones de primera vuelta.

Publicado en La Tercera.

Contenido relacionado

Redes Sociales

Instagram