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Puro amor

8 de Julio 2019 Columnas

Un comentarista de fútbol peruano se refiere a la relación que el chileno tiene con sus jugadores de la Roja como de amor y odio. Argumenta un supuesto conflicto social y racial que llevaría a muchos a tildarlos de flaites y titula su columna: “El Chile del flaite Vidal”.

La verdad es que, sin negar el racismo y el clasismo que aún late en nuestra sociedad, creo que en este caso el periodista calibra mal el alcance y las implicancias que ha tenido para el cambio de nuestra autopercepción el trabajo de La Roja.

La hermosa noche del triunfo de Chile en la Copa América 2015 contra Argentina, yo manejaba de vuelta de un recital de Violeta con mi hija preadolescente. El penal de Alexis Sánchez que nos corona campeones lo escuché por la radio y las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.

Entonces mi hija preguntó: ¡Mamá, por qué lloras! Y esto es lo que no sabe bien el periodista peruano: lloraba porque a los 12 años en el mundial del 1982 Alemania nos echó a la primera ronda para afuera con un vergonzoso 4 a 1. Eso que contábamos con jugadores de la talla de Carlos Caszely, Elías Figueroa y Patricio Yañez. Ese partido lo presencié con mi curso en la hora de clase de alemán y tuvimos que tragarnos todo el desprecio y la humillación de parte de los profesores germanos.

Lloraba por la vergüenza del Maracaná y del Cóndor Rojas en 1989. Lloraba porque toda mi vida Chile jugó metiendo un gol y luego con su planta entera de jugadores replegados defendiendo el arco, haciendo tiempo, tirando la pelota para afuera. Lloraba por todas las veces que Chile “jugó bien” pero perdió. Lloraba por mí, por mi historia personal imbricada en la incontable suma de fracasos y supuestos triunfos morales de la Roja. Lloraba porque por primera vez sentía que sí, que sí era posible: el cambio.

Y entonces viene un comentarista peruano de bella pluma, lo reconozco, a decir que amamos/odiamos a nuestros jugadores por ser “flaites”, por su origen social.

Yo creo honestamente que se equivoca, que es puro amor y orgullo. Creo que a la inmensa mayoría de los chilenos la cuna de nuestros jugadores nos tiene sin cuidado. Porque esos “flaites”, a pesar de la derrota ante Perú, tienen valores que son transversales y que bien desearíamos tener todos: perseverancia, trabajo en equipo, bello juego y entrega.

Ellos han hecho posible que nuestros hijos no entiendan el porqué de nuestro llanto. Volviendo al periodista peruano, su juicio final es lapidario: “Porque esas dos Copas Américas, logradas a costa de su detestada Argentina, le hicieron creer a Chile el ser “más mejores” que los demás (…) sin darse cuenta que Chile, Argentina, Perú, Paraguay y Bolivia seguiremos siendo asombrosamente iguales, unidos por el cordón umbilical de la corrupción, la poesía y la pobreza”.

Pero es precisamente el trabajo de nuestra Roja, el que demuestra que se puede cortar el maldito cordón umbilical de la corrupción y de la pobreza. De la poesía, que se encarguen los poetas.Fútbol

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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