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“Presidencialitis”

12 de Agosto 2019 Columnas Profesores

“Hay como una suerte de interpretación, de ‘presidencialitis’ de todo lo que se pueda hacer o decir”. Con esas palabras, el ministro del Interior, Andrés Chadwick, cuestionó a quienes han dado vida en las últimas semanas a un debate absolutamente extemporáneo: la próxima presidencial que se realizará a fines de 2021.

Mientras el país discute por los proyectos que reducen las horas de trabajo o los serios problemas económicos, con una recesión mundial a la vuelta de la esquina, la decisión de varios precandidatos presidenciales de dar a conocer públicamente sus intenciones y la disputa que a partir de ello ha comenzado a tomar forma, aparecen como un volador de luces, una caricatura.

Porque siendo rigurosos, todavía el gobierno actual no celebra su segundo aniversario y ni siquiera se acerca a la mitad de su mandato. Falta mucho paño por cortar.

Y, sin embargo, en las últimas semanas, los precandidatos han llenado páginas enteras de los medios, generando una pugna artificial que solo adelanta el síndrome del pato cojo – concepto que alude a la pérdida de apoyo de los gobiernos cuando están terminando su periodo y ya todos están en modo campañas electorales – y que distrae la atención de los temas relevantes del presente, en una situación que, en todo caso, no es nueva: desde el momento en que se acortó el periodo presidencial, de seis a cuatro años, esta ha sido una constante.

Eso es precisamente lo que se verifica hoy, cuando en el horizonte ya hay más de una decena de candidatos recordando a viva voz que están en carrera, aun cuando todavía falten más de dos años para los comicios.

En este escenario, donde parece haber más dirigentes dispuestos a luchar por la primera magistratura y con un apuro visible, es precisamente en el oficialismo, donde se supone que debieran estar concentrados en respaldar al Presidente.

Allí, el primero en manifestarse “disponible” –eufemismo utilizado constantemente en el mundo político para decir que en realidad quieren el cargo- fue el senador RN Andrés Allamand, que causó todo tipo de críticas.

Pero quien ha liderado los malabares ha sido el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín. Con su tradicional formato de campaña eterna, ha generado no solamente respaldos, sino también rechazos urbi et orbe (RN se ha dedicado consistentemente a recordar los impasses que han tenido con el edil UDI desde 1999). Incluso, el hecho de que trascendiera la reunión que sostuvo con el Presidente Sebastián Piñera –al que acusaron desde su propia coalición de estar mostrando favoritismo- funcionó como efecto dominó: a partir de aquello, varios de los precandidatos de Chile Vamos salieron a cuestionar el encuentro y a recordar que ellos también quieren llegar al sillón presidencial: Felipe Kast, Francisco Chahuán, Manuel José Ossandón, por nombrar algunos.

El discurso, en todo caso, ha sido poco sincero y lleno de subtítulos. De hecho, Chahuán en estas mismas páginas cuestionó el apuro de Lavín y la “ansiedad presidencial” de otros dirigentes, pero reiteró su “disponibilidad” y la relevancia de las próximas municipales para sus aspiraciones gubernamentales.

A los anteriores, es imposible no sumar al líder de Acción Repúblicana, que desde su esquina extrema ha mantenido un ritmo de campaña intenso desde que perdió frente al propio Piñera en 2017.

En la otra vereda, la centroizquierda, la situación solo difiere en la cantidad de aspirantes, pero no en la forma ni el fondo. Mientras Beatriz Sánchez se ha mantenido en un periodo “reflexivo” (durante el cual, sin embargo, ha reforzado visiblemente su ofensiva comunicacional) el Frente Amplio la sigue urgiendo a que vuelva a competir por la banda presidencial. Y la periodista se “deja querer”, sin tomar una decisión públicamente.

Y en la ex Nueva Mayoría, donde los pocos que se han atrevido a levantar el dedo índice –como el senador PS José Miguel Insulza-, han sido cuestionados, otros se dedican a mencionar nombres, varios de los cuales ni siquiera han sido claros en querer participar, como el exministro Máximo Pacheco, el senador PPD Ricardo Lagos Weber o el economista Oscar Landerretche.

Hay también quienes, prefieren acercarse al oportunismo y mirar con buenos ojos un tête à tête con el Frente Amplio.

Lo cierto es que el concepto acuñado por el ministro Chadwick, la “presidencialitis”, es una realidad ya instalada y tanto el gobierno como la oposición deberán lidiar con ella, pues los intentos por ralentizar los movimientos serán poco efectivos. ¿Cómo hacerlo sin hipotecar el presente político? Ahí estará la cuestión.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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