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Piñera en su laberinto

28 de Octubre 2019 Columnas

Pocas veces ha sido más cierto ese dicho de que una semana es un largo tiempo en política, o ese otro – más inquietante – que dice que la civilización no es más que un delgado barniz cubriendo las pasiones del corazón humano.

La magnitud de todos los fenómenos ha sido sorprendente en estos 10 días: de la violencia ciudadana, de la represión, y de las manifestaciones pacíficas. Estamos en una situación sin precedentes desde el retorno a la democracia ¿Qué puede hacer el gobierno para salir de su laberinto?

Por una parte, no es razonable – y debilitaría la democracia – el exigirle que abandone todo su programa y adopte en vez el programa de los que perdieron la última elección. Pero también es cierto que sin un profundo cambio de rumbo y de actitud, el gobierno continuará poniendo al país en un camino de confrontación y extrema peligrosidad para la convivencia. ¿Qué hacer?

Una vez pasada la etapa de represión, con el levantamiento del estado de emergencia, podríamos reducir las opciones a dos: la oferta y la comunicación. La oferta refiere al paquete programático de medidas que mejoran las condiciones económicas de los más pobres y de la clase media. Es sin duda necesario, y los anuncios del martes en ese sentido son importantes y no triviales. Pero un gobierno que solo puede salir del paso gastando plata no tiene buen pronóstico, amén de que sus ofertas pueden ser leídas como un intento de comprar la docilidad de la población. Y, dadas las expectativas, insatisfacciones e injusticias vigentes, el dinero que se ponga sobre la mesa nunca será ni cerca del suficiente.

Por eso, el camino de la comunicación -el de los gestos simbólicos y del diálogo- es ineludible. El gobierno debe recuperar el respeto y la confianza de una proporción relevante de la ciudadanía. Pedir perdón por no escuchar fue un valioso primer paso, y el profundo (y para el Presidente, doloroso) cambio de gabinete que se espera es un segundo. Pero para que estas acciones sean eficaces deben seguirse con gestos que otorguen algún grado de reparación. Y para ello, es indispensable que la escucha y el diálogo sean un componente central de lo que viene. El ejemplo de Macron y los diálogos ciudadanos que implementó para lidiar con las protestas de los “chalecos amarillos” debiera ser mirada muy atentamente. Esta escucha y diálogo – y no la lógica del ofertón al que Piñera es tan adepto – es fundamental porque las desigualdades de trato, de visibilidad y de influencia indignan probablemente más que las meramente económicas. Me parece que el abuso y la indiferencia explican más que el índice Gini lo que ha pasado en estos días. Como dijo un señor ante las cámaras el sábado 19, “por qué tiene que quedar la cagá para que nos escuchen”. Esa rabia no se combate solo con plata, sino que con la construcción de relaciones sociales de igualdad ciudadana. Y para ello, el diálogo es imprescindible. Estos diálogos no equivalen ipso facto a una nueva Constitución o una AC (en Francia no lo hicieron), aunque bien podrían ayudar a conducir hacia allá. Pero al ser más concretos, Piñera bien podría asumirlos y dejar que el asunto constitucional se resuelva en las urnas el 2021.

Publicado en La Tercera.

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