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PDC Q.E.P.D.

30 de diciembre 2017

Hay veces en que la historia nos brinda hechos parecidos en lugares distintos. El caso de la Democracia Cristiana es uno de ellos.
Corría 1994, cuando en Italia fue elegido un empresario de centroderecha. El tiempo diría que terminó siendo un personaje bastante controvertido, pero en un inicio se aspectaba bien. Sobre todo después de las continuas crisis y corrupción de la política italiana. Era el inicio del gobierno de Silvio Berlusconi. En la elección de ese año, y tras un pasado glorioso, la Democracia Cristiana italiana sufría una debacle electoral al obtener solo el 11% de los votos. Y ante esta nueva realidad se enfrentaron dos corrientes: una partidaria de unirse a la coalición liderada por Berlusconi, y otra con la idea de formar una coalición de centroizquierda. El resultado fue el quiebre del partido primero, y el fin de este al poco tiempo.
En Chile la historia de la DC se parece. Se acabó el pasado glorioso, el porcentaje de votación obtenido es exiguo y hay dos corrientes, aunque en planos distintos. Por una parte están los votantes, que hace rato se empezaron a ir a la derecha. Por otra están los dirigentes y parlamentarios, que hace rato se fueron a la izquierda. Entre medio, un grupo de antiguos dirigentes, con más nostalgia que energía, añora un pasado glorioso. La revolución en libertad, la patria joven, la transición de la democracia.
Hoy la DC está desahuciada. Su muerte se aproxima. Tal como ocurrió en Italia, tal como ocurrió en España, tal como ha ocurrido en otros países. Su fecha de muerte no está clara, pero su recuperación a estas alturas ya no es posible. A diferencia de lo que sucedió en Italia, el partido no se dividirá en dos, sino que su campanilla y timbre quedarán en manos del grupo más de izquierda, y el resto se seguirá yendo por goteo o derechamente será expulsado.
Paradójicamente, para un partido que surgió como reacción al Partido Comunista, hoy su mesa directiva está usando métodos estalinistas al pasar a Mariana Aylwin al Tribunal Supremo. ¿Por qué? Simplemente por haber señalado que estaba más cerca de Chile Vamos que de la Nueva Mayoría. ¿No forma parte aquello de la más elemental deliberación política? ¿Puede una opinión ser constitutiva de sanción?
Lo que dijo Aylwin es una obviedad. Los partidos demócratas cristianos en el mundo son partidos de centro o centroderecha. Alejados del socialismo, desconfiados de la izquierda y enemigos del comunismo. En Europa, por ejemplo, el bloque que agrupa a los partidos demócratas cristianos -el Partido Popular Europeo- contrasta completamente con el bloque que conforman los partidos de la izquierda comunista -el Partido de la Izquierda Europea-.
Pero los parlamentarios de la DC chilena se ven más cercanos al Partido Comunista que a la centroderecha, e incluso es probable que terminen en un acuerdo con el Frente Amplio. Empolvados están los libros de Jacques Maritain, y olvidada, la Doctrina Social de la Iglesia. Hoy lo que importa es ver cómo lograr volver rápidamente al poder. Sea con quien sea.
Así, la mayoría de sus dirigentes siguen circulando con la chapa democratacristiana, pero bailando un ritmo completamente distinto al de su casa matriz. Poco importará entonces lo que dijo esta semana el representante de la fundación Konrad-Adenauer en Chile, instando a los consensos con el nuevo gobierno y al camino separado con la izquierda. Total, con partidos financiados desde el Estado, poco importan las encomiendas de Alemania…
Mariana Aylwin, o será expulsada por el Tribunal Supremo o “será invitada a irse” por los nuevos controladores de la razón social. Detrás de ella saldrán otros tantos. Pero de dos en dos, de mes en mes, y de seis a siete.
Paradójicamente, la historia de Mariana Aylwin se transformará en el emblema de la septicemia DC. Al partir debiera hacerle un gesto al honorable diputado Florcita Motuda (y probable futuro socio de la Democracia Cristiana) y retirarse cantando su éxito musical: “Tira pa’ arriba, Mariana, tira pa’ abajo; Tira que tira, Mariana, tírale un ajo”.

Publicado en El Mercurio.

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