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Patricio Aylwin y el perdón

8 de Noviembre 2019 Columnas Profesores

El Presidente Sebastián Piñera se ha declarado siempre un gran admirador de Patricio Aylwin. Tal vez por eso, en su tercer discurso después del viernes 18 de octubre, pidió perdón a los chilenos por su “falta de visión” en haber comprendido que se incubaba una crisis de tan alta magnitud. El 4 de marzo de 1991, Patricio Aylwin le habló al país para pedirle perdón por las violaciones a los derechos humanos en dictadura. De aquel discurso recordamos la emoción que lo llevó hasta las lágrimas, así como la valentía para ofrecer una disculpa pública, republicana, a la gran mayoría de los chilenos. Pedir perdón fue significativo en ese momento por dos razones. Por un lado, porque se basaba en el reconocimiento «moral» de que el Estado no solo había actuado mal, sino que había desarrollado políticas sistemáticas para perseguir a sus propios ciudadanos. Por el otro, la disculpa llevaba consigo el inicio de una política de «reparación material»

para quienes fueron víctimas de represión política, desapariciones y torturas. En un contexto muy distinto, las disculpas del Presidente Piñera, aunque carentes de emoción, tuvieron un tono más personal. Fueron menos republicanas, porque no se detuvo a señalar cuáles eran las prácticas, instituciones y monopolios que habían generado “abuso” e “inequidad” por “varias décadas”. Tampoco señaló una cuestión central: que el Estado ha devenido corresponsable de aquello. Isapres, AFP, CAE, agua son algunas instituciones en que el Estado «promovió activamente» un tipo de desigualdad de trato que devino en abuso. Segundo, para que la disculpa sea significativa, debe ir de la mano de una reparación material. Una opción, entre muchas, sería la condonación del CAE, justificada a partir de un argumento incontrovertible: los términos del crédito son abusivos para las personas, más aún cuando se usaron para pagar por una

educación de muy baja calidad. Lo mismo puede decirse con las AFP: además del componente redistributivo de su reforma, ellas apuntan al corazón de la solidaridad intergeneracional que se expresa en las movilizaciones. El tercer cambio que propongo es distinto: es evidente que el actuar de Carabineros no ha sido adecuado y que ha habido una gran distancia entre las declaraciones sobre los procedimientos policiales y su implementación. Ello ha generado un dolor que perdurará por mucho tiempo. Pero para pensar más positivamente, es también la oportunidad para que los DD.HH. Se hagan patrimonio vivo de una nueva generación de chilenos. Hemos de pensar en la creación de una nueva policía que reemplace a la actual. Reconocer errores y pedir disculpas no solo expresa valor y liderazgo. Es también un camino para salir fortalecidos de esta crisis.

Publicado en La Segunda.

 

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