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Pataleta extemporánea

22 de Diciembre 2019 Columnas

“Congelamos nuestra participación en Chile Vamos. Vamos a evaluar de manera institucional si vale la pena mantenerse como parte de una coalición donde no se respetan los acuerdos y donde no se actúa como coalición”, dijo duramente el jueves la presidenta de la UDI, Jacqueline Van Rysselberghe, luego de que sus socios de RN y Evopoli respaldaran en la Cámara de Diputados los proyectos complementarios al acuerdo constitucional, que establecen paridad de género en el organismo constituyente, cupos reservados para pueblos originarios y mecanismos para facilitar la participación de independientes.

En una especie de pataleta infantil, absolutamente inentendible a la luz de lo que ha sucedido en Chile desde el 18 de octubre, la timonel de la UDI decidió golpear la mesa, tirarse al suelo y comenzar a lanzar patadas al aire, indignada por un supuesto maltrato de parte del Ejecutivo –el ministro del Interior, en específico – y resolvió marginarse de las reuniones de coordinación del oficialismo y del comité político de La Moneda.

En una muestra de su infantil enojo, la jefa UDI afirmó que “este gobierno, por el cual yo voté y vamos a seguir trabajando, es un gobierno de centroderecha y resulta que hoy somos el único partido de derecha… Nuestros socios se sientan con la izquierda”.

Al parecer, nadie es capaz hoy, en su círculo cercano, de explicarle algo muy sencillo: desde el 18 de octubre, el horno en este país no está para bollos y los partidos, al igual que el Congreso, con un nivel de legitimidad y respaldo ciudadano que roza el suelo, no están en condiciones de golpear la mesa ni hacer berrinches infantiles. No es el momento.

Claramente, hoy la meta es estabilizar un país que está en crisis y donde, en la realidad, a muy pocos les importa que Van Rysselberghe se sienta el centro de la mesa. Una mesa que no está pendiente de lo que ella haga, sino de la capacidad del país de levantarse y salir reforzado de una crisis que no se vio venir y que lo remeció en sus cimientos.

En ese sentido, cobran relevancia las palabras del presidente del Senado, Jaime Quintana, quien –luego de que en la Cámara de Diputados se rechazaran las medidas complementarias en una primera instancia, en medio de protestas y peleas entre los parlamentarios- afirmó: “La política del espectáculo es parte del descrédito de las instituciones. Le ha hecho enorme daño al Parlamento”.

Efectivamente, no es momento de espectáculos y, desde ese punto de vista, hoy no se entendería que la clase política insistiera en un mecanismo de elección en el que las mujeres, los pueblos originarios y los independientes no tuvieran cabida. Eso quedó fuera de discusión a partir del 18-0. Ahora, el debate debe centrarse en la forma, pero no en el fondo.

Ahora, lo que no queda claro es cuál el verdadero miedo de la UDI. ¿Es acaso que todas las mujeres sean de izquierda? ¿Que el pueblo indígena sea mayoritariamente de oposición? Ninguna de esas tesis se sustenta en los datos. De acuerdo al estudio “Elecciones parlamentarias Chile 2017: los perfiles de los votantes”, realizado por la Escuela de Gobierno de la UDD, un 61% de quienes votaron por Chile Vamos en la pasada parlamentaria eran precisamente mujeres. Ese porcentaje se repite, puntos más puntos menos, también para las otras coaliciones (Nueva Mayoría y Frente Amplio), por lo que claramente el mundo femenino se reparte bastante igualitariamente entre todas las tendencias en disputa.

En el caso de las etnias, si bien no existe información completa, sí hay datos respecto de las preferencias electorales de la Araucanía. De acuerdo a un estudio realizado por Claudio Fuentes, a partir de los datos electorales entre 1989 y 2017, “salvo en las elecciones de 1993 y de 2013, en las restantes cinco elecciones presidenciales en la región de la Araucanía se da un predominio de las opciones de derecha”.

¿A qué le teme la UDI entonces? Su explicación ha sido que “no se ha respetado” el acuerdo por la nueva Constitución, suscrito entre todas las fuerzas políticas (salvo el PC, que ha mantenido su berrinche propio e inexplicable respecto de la nueva Constitución) el pasado 15 de noviembre, lo que es refutado por las otras colectividades que dicen que sí se habló de mujeres, pueblos originarios e independientes, pero que se decidió dejar la discusión para después.

Sea como sea, lo cierto es que la pataleta de la UDI es completamente extemporánea. Es cosa de mirar por la ventana y darse cuenta de que no es el momento, ni el lugar, para infantilizar una discusión de sumo relevante para el futuro de un país todavía tambaleante.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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