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Obscenidades en la cuenta pública anual 2019

6 de Junio 2019 Columnas

Comúnmente se suele entender lo obsceno como aquello que está fuera de lugar, “aquello que no puede representarse en el escenario”. Lo obsceno también se liga a lo ofensivo, a todo aquello que traspasa ciertos límites y ofende el pudor y escandaliza. Si bien es un término complejo de definir, creo que durante la cuenta anual de este año en el Congreso se dieron dos situaciones que claramente podemos calificarlas de obscenas. Me refiero a la presencia del diputado Raúl Alarcón o Florcita Motuda disfrazado de algo así como “Batman” y a la intervención del popular mimo Tuga.

Un diputado disfrazado y un mimo están claramente “fuera de lugar” en una ceremonia que se enmarca en un espacio social regido por una etiqueta y de enorme simbolismo cívico. Las respuestas de desagrado no se hicieron esperar, ambos fueron duramente insultados por los lectores que hacen uso de su derecho a expresarse mediante sus variados comentarios. Un término se repetía en las críticas: “payaso”. ¿Qué hace un diputado disfrazado en una Cuenta Pública? ¿Qué hace un mimo en una Cuenta Pública? Ambos están fuera de lugar.

El lugar de los mimos es la calle o el circo, un diputado debe ir vestido de una cierta manera. A propósito, el mimo Tuga respetó la etiqueta sólo que de naranja. Pero démosle otra vuelta de tuerca a la obscenidad. ¿Cuál es su función? ¿Sólo ofende a la moral o hay algo más? Uno de los grandes obscenos de la literatura de todos los tiempos ha sido Henry Miller, escritor norteamericano, autor de “Trópico de Cáncer”. Miller siempre defendió la denuncia radical contenida en los actos obscenos. Para Miller lo obsceno no es más que la respuesta a una obscenidad social mayor imperante, y así afirma: “La verdadera naturaleza de lo obsceno reside en un ansia de convertir”. Otro gran obsceno fue D.H. Lawrence, quien en su bellísima novela “El amante de Lady Chaterley” desnuda los fariseísmos sociales y promueve la vitalidad y el humanismo.

Volvamos a nuestros “obscenos” del Congreso. El mimo Tuga no habla, sólo gesticula frente a la palabra del Presidente, muestra asombro, a veces tedio, otras veces cuelga las manos por la baranda del balcón hacia abajo. No dice nada, no ataca directamente, pero monta claramente una escenificación sutilmente provocante. Los carabineros lo amenazan con ser expulsado del Salón de Honor. ¿Qué provoca? ¿Qué puede hacer un mimo que moleste tanto? Y Florcita Motuda con su traje: ¿Está loco? ¿Es un payaso como dice la gente? Y si lo es: ¿qué hace entonces en el Congreso? Alarcón realiza una jugada magistral que ejecuta desde su cuenta de Twitter. Nada en él es espontáneo o dejado al azar. Detrás de su disfraz hay un plan muy bien pensado. “Está hablando el Wason y escuchándolo Batman Motuda”, sentencia en un tuit. Así, lo obsceno trasciende la payasada o mera tontera, muestra todo su poder corrosivo, crítico y perturbador.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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