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Necesidades básicas

26 de Julio 2020 Columnas

Ramón Gener, musicólogo y exitoso comunicador español de programas como “Esto es arte” y “Esto es Opera”, cuenta en un breve video cómo lleva su cuarentena. Con una espléndida biblioteca personal como telón de fondo, confiesa que lo único que echa de menos es su piano en mantenimiento. Entiendo que el objetivo de su grabación es animarnos en estos tiempos a volcarnos al arte, en cualquiera de sus variantes: música, literatura, ópera. Y sin embargo, al escuchar esa frase de que lo único que extraña es su piano, hay un cierto difuso malestar que se siente como una piedrecita en el zapato.

Y es que no todos viven la cuarentena de la misma manera: no todos tienen acceso a los mismos medios ni a las mismas comodidades. El contraste es evidente: mientras unos esperan su caja con alimentos; otros esperan su piano de cola steinway and sons. Bueno, la vida es así, es de perogrullo. Cierto, pero ahondemos en la piedrecita: pensemos en la discusión sobre la canasta de las necesidades básicas y la teórica lista que dictamina qué es y qué no es necesario. ¿Es necesario el arte en estos momentos? ¿Es una necesidad básica?

Otro testimonio de cómo sobrellevar estos tiempos. Una profesora de arte les da de tarea a sus alumnos la confección de una obra. Sabiendo que viven una situación en extremo precaria, en un asentamiento en Mendoza, les dice que ocupen cualquier material que tengan a la mano. Luciano, un chico de 11 años, crea un dinosaurio con barro y rojo molido de ladrillo. Con solo su imaginación y voluntad logra revertir una situación de precariedad y abandono. Ese niño muestra que el arte es en extremo valioso y necesario en estos momentos. Esperar que sea “repartido” como un bien básico junto a un tarro de atún y una lata de damasco es quizás mucho pedir.

Pero no creo que lo sea esperar que cada municipio, cada organización ligada a la creación difunda gratuitamente sus programas y que haga un esfuerzo por que llegue a la mayor cantidad de chilenos posible. También es cierto que si hasta ahora alguien no se ha sentido movido a entrar en el  mundo del arte no lo hará de la noche a la mañana. Puede ser, pero no significa que no sea hoy más necesario que nunca. En la “Barca de la Medusa” de Gericault, el melancólico ha abandonado toda esperanza y da las espaldas al barco que lo puede salvar. En la misma barca el optimista que ya ha olvidado del todo su drama enarbola exaltado una camisa para que lo rescaten. Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz, proponía una tercera vía. Ni hundidos, ni salvados: sobrevivientes. En la desolación del campo de concentración, Levi recuerda algunos versos de El Infierno de Dante que lo sostienen brevemente. Así, Levi recupera su condición de dignidad humana, al igual que el niño que crea su dinosaurio de la nada. Sobrevivientes, eso seremos si es que todo esto pasa. Y puede que el arte nos ayude a sobrevivir.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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