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El Ministro no-político

14 de agosto 2018 Columnas

La caída en las encuestas y los errores comunicacionales habrían gatillado, según lo sostenido en diferentes medios, la salida de Gerardo Varela de la cartera de Educación. Sin embargo, sus polémicas declaraciones parecen dar luz de una problemática algo más profunda que está lejos de sólo afectarlo a él.

Durante los últimos años, bastante tinta se ha destinado a la comprensión de una suerte de disociación entre lo que pasa dentro de nuestras casas y lo que pasa fuera de ellas. En resumen, distintas encuestas -incluso las de P!ensa- nos sugieren que el ciudadano chileno parece estar satisfecho con su vida personal (cree que vive mejor que sus padres y que sus hijos vivirán mejor que él), pero profundamente descontento con el devenir de los asuntos públicos. Esta realidad, que Carlos Peña asocia a la “Paradoja de Chile”, parece ser un fenómeno inherente a los tiempos en que vivimos, estando lejos de ser un patrimonio propio de nuestro país.

Hasta hace algunas décadas, el descontento y el malestar parecían asociarse directamente a la apatía ciudadana, a la inmovilidad y al desinterés. Sin embargo, el escenario actual parece ser algo distinto. Sin ir más lejos, siete de cada diez habitantes de nuestra región de Valparaíso sí están interesados en lo que sucede en nuestro país, región o comuna. El problema, entonces, parece no ser la apatía y el desinterés. Sin embargo, cuando profundizamos en esos datos nos damos cuenta de que sólo un 17% declara estar interesado en “la política”. En ese orden, la disociación entre nuestra vida privada y nuestra vida pública pareciera no ser tan grave como la disociación entre la política y la ciudadanía.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con el ex ministro Varela?

Offe, sociólogo alemán, declaraba hace algunos años que uno de los peligros de esta fractura se relaciona con la aparición de usuales «políticos no-políticos” con los consecuentes discursos de naturaleza anti-política. Si bien el ex ministro está muy lejos de representar el estereotipo populista al que parece apuntar el germano, sí podemos desprender de sus declaraciones una suerte de desprecio por la actividad que, quizás, terminó agudizando aún más la fractura entre esa elite y la ciudadanía. Y con esto no me refiero sólo a lo de bingos y condones, sino también a sus duras críticas hacia las “decisiones políticas” de “funcionarios políticos” a propósito de Dominga y, sobre todo, a las palabras con que decidió comenzar su travesía en uno de los ministerios más «políticos” de todos. «El desafío es sacar la educación del salón del Congreso y volverla a la sala de clases; sacarla de la política y volverla a la docencia y a la investigación”, decía el ex ministro en su despedida como columnista del Mercurio.

En resumen, la caída en las encuestas y los errores comunicacionales parecen haber sido determinantes en su salida, pero también podrían ser entendidos como síntomas de un problema subyacente. Como han sostenido algunos intelectuales de centro derecha, el sector parece ya haber prescindido de “lo político” por demasiado tiempo. Ya es hora de enmendar ese rumbo y, al parecer, así lo entendió La Moneda.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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