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Luis Gómez Carreño y la ley de hierro en el puerto

8 de Diciembre 2019 Columnas

Uno de los personajes que ha aparecido en el inconsciente colectivo de las viejas generaciones, producto de los desmanes, saqueos, incendios y la ausencia de una autoridad que restablezca el orden en la ciudad de Valparaíso, es la del almirante Luis Gómez Carreño. Mencionado en la columna anterior, a raíz del terremoto de 1906, vale la pena detenerse en algunos rasgos que permiten entender la mentalidad del oficial de la Armada.

En primer lugar, hay que conocer cómo se involucró en esta institución y el contexto en que lo hizo. Luis Gómez Carreño nació en Puerto Montt, donde su padre, oriundo de Chiloé, había sido trasladado desde Valparaíso para trabajar en la Aduana. Algunos años después, la familia regresó y aquí, como muchos jóvenes de clase media, ingresó al Liceo de Valparaíso. Mientras estudiaba, y cuando apenas tenía quince años los canillitas del Puerto anunciaban, através de El Mercurio de Valparaíso, el inicio de la Guerra del Pacífico. Al entusiasmo general de la prensa, se sumaba el de los profesores, como Eduardo de la Barra, por ejemplo, que se transformaron en verdaderos promotores del conflicto a través de encendidos discursos nacionalistas. De un momento a otro, las salas del liceo y sus patios se transformaron en zona de adoctrinamiento y entrenamiento militar.

Por estas razones, no es extraño que un adolescente como Gómez Carreño se haya entusiasmado con enrolarse en el ejército, pese a no cumplir la edad requerida. Dos veces fue rechazado y en la tercera oportunidad, logró colarse en un buque que llevaba tropas al norte. Antes de partir, fue descubierto en una bodega, por lo que tuvo que enfrentarse a su padre. Según el relato de Rodrigo Fuenzalida Bade, el progenitor le habría dicho: “¿ Qué le parece hombre que pelear juntos? Junto ganaremos y volveremos triunfante”.

Gracias a este apoyo, Gómez Carreño fue aceptado como aspirante de la Armada, dando inicio a una implacable carrera militar. Le tocó ser parte de la tripulación del Huáscar, Cochrane, Blanco y Chacabuco. Estuvo bajo las órdenes de Condell, Uribe y Montt, verdaderas leyendas vivientes de la marina. Además, fue parte de la fuerza que luchó en Chorrillos, Miraflores y que, finalmente, tomó Lima, cuando estaba a pocos días de cumplir 16 años. Detrás de la gloria militar y el orgullo de miles de chilenos que celebraban esas victorias, se escondía la faceta más sórdida y dramática de una guerra, los desbandes de una fuerza de ocupación. Luego de tomar Chorrillos, cuenta Justo Abel Rosales:

“En el pueblo la borrachera subió de punto. Los soldados mataban, saqueaban y bebían a discreción. A la hora indicada gruesas y gigantescas columnas de humo se elevaban hasta las nubes, produciendo horrorosos incendios, en medio de la alegría general de los soldados de todos los cuerpos, ebrios de sangre y de victoria”. Así, las escenas de horror se repitieron en Miraflores y, finalmente, en Lima”.

Una década después, Luis Gómez Carreño volvería a vivir la barbarie, pero esta vez entre hermanos, como comandante de la sección de artillería de marina que venció en Concón y Placilla, siendo parte del bando vencedor de una guerra que dejó miles de muertos. Por estas razones, no es extraña su determinación al momento de hacerse cargo de la plaza de Valparaíso, luego del terremoto e incendio de 1906. Curtido en estas lides, no tuvo problemas en aplicar el máximo rigor de la ley a quienes cometieran delitos en una época cuando, bajo una concepción cristiana, la vida terrenal aparecía como un paso para otra eterna y donde la pena de muerte era una consecuencia lógica de hechos gravísimos.

Ya retirado de la Armada, Luis Gómez Carreño pasaría sus últimos años en la zona, hasta que un trágico accidente automovilístico, en el antiguo camino troncal, acabó con su vida a inicios de 1930. Mientras un monolito instalado en el lugar de su muerte intenta recordarlo infructuosamente, su fantasma aparece cada vez que ocurren hechos como los de las últimas semanas.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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