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La otra vereda

18 de febrero 2018 Columnas

Con seguridad, lo ocurrido en Francia con el ex frentista Ricardo Palma Salamanca pasará a engrosar la lista de prioridades y desafíos políticos, cuya perspectiva súbitamente cambia cuando quienes gobiernan pasan a la oposición y viceversa. En rigor, para sectores importantes del actual oficialismo no va a ser fácil apoyar la extradición de uno de los asesinos de Jaime Guzmán, cuando la derecha se encuentre instalada en La Moneda.

Estos vertiginosos cambios de “óptica” ya se observaron el 2010 en aspectos tan relevantes como la legitimidad del “modelo” y de la Constitución política, que adquirieron en la centroizquierda niveles de cuestionamiento nunca vistos mientras duró el largo ciclo de la Concertación en el poder. De modo similar, es probable que la mayor sensibilidad y apertura mostrada por la derecha ante lo que fueron las graves violaciones a los DD.HH. ocurridas en dictadura, hayan estado condicionadas también por el prolongado ‘castigo’ que significó estar por veinte años mirando al país desde la oposición.

De algún modo, entre las razones que explican el fracaso político del primer gobierno de Sebastián Piñera estuvo su incapacidad para anticipar y entender que la sola llegada de la derecha al gobierno por primera vez desde Pinochet, iba a ser una experiencia “traumática” para un segmento no menor de la ciudadanía. No haberse preparado para ese escenario, no haber dado nunca con sus “claves” profundas ni realizado un diseño para enfrentarlo, fue al final la base del déficit de gestión política exhibido por dicha administración.

Es posible que en este retorno de la derecha al poder “el trauma” sea para muchos menos intenso; en rigor, los últimos tres gobiernos han tenido a la alternancia como su desenlace, lo que, se quiera o no, contribuye a ir normalizando sus implicancias. Con todo, al nuevo gobierno le será imprescindible tener claro el mar fondo: temas como la captura y extradición de Palma Salamanca, los actos de violencia asociados al conflicto mapuche, el cierre de Punta Peuco y muchos otros, van cambiar su “tonalidad” en la agenda pública una vez que la derecha se instale en el poder.

Es obvio que las cosas se observan distintas desde el gobierno o desde la oposición. Pero en Chile este efecto natural de la lógica política se ve acentuado por la ausencia de acuerdos mínimos, por el manto de ilegitimidad que para un sector significativo del país recubre aspectos tan básicos como la constitución vigente. Así, el desafío que en la actualidad enfrenta la sociedad chilena es construir un piso institucional aceptado por todos, cuya legitimidad no se vea afectada por quien gane o quien pierda.

Para eso es condición necesaria asumir que las cosas se ven de modo diferente desde la otra vereda, y que ello supone un imperativo político imprescindible de abordar. El primer gobierno de centroderecha no lo entendió nunca y esa fue una de las razones por la cual, aun con el país creciendo sobre el 5% y con logros de gestión evidentes, terminó vapuleado por sus opositores en las elecciones siguientes. Y de cierta manera fue lo mismo que vino a poner la lápida a la Nueva Mayoría cuatro años después.

Publicado en La Tercera.

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