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La operación Frei

4 de febrero 2019 Columnas Profesores

El juez Madrid dictó sentencia y dijo lo que todos sabíamos que iba a decir: que a Eduardo Frei Montalva lo mataron. Algo que pocos creían en un principio, pero que el paso del tiempo se encargó de mostrar, incluso a la propia familia Frei. Alguna vez, alguien escuchó decir a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, a propósito de las suspicacias sobre un posible asesinato, «estas son cosas de la Carmen», para desestimar algo que ni él creía cuando fue Presidente.

Y hay algunos que se siguen negando a creer…

Es cierto que la operación a la que se sometió era grave. Es claro que en la clínica Indisa le recomendaron no operarse. Es verdad que la cirugía tenía todas las posibilidades de complicarse. Es cierto que pocos dudaron de su muerte natural en un inicio. Todo eso es cierto, pero no parece calzar del todo.

Al mismo régimen que mató a un excomandante en jefe, al mismo régimen que mató a un excanciller, al mismo régimen que trató de matar a un exvicepresidente, no parece una ofensa decirle que trató de matar al más importante de la época: el expresidente y líder de la incipiente oposición. Aunque no haya quedado suficientemente probado…

Los 16 años de investigación no fueron suficientes para llegar a encontrar el arma del delito, ni al sicario, ni al asesino. Ni siquiera el modus operandi . Han pasado demasiados años, o la operación se hizo demasiado bien.

Es cierto, no hay nada suficientemente claro, pero todo apunta en una dirección. El expresidente era un personaje peligroso para el régimen y las 800 páginas sí dejan en claro que Frei estaba rodeado de agentes de seguridad de la dictadura. Si una cosa probó la investigación del juez Madrid, es que la «operación de Frei» probablemente se transformó en la «operación Frei». Una más de Pinochet.

No cabe duda que la figura de Eduardo Frei (padre, no hijo) es una de las más relevantes del siglo XX. Paradójicamente estuvo casi siempre en el lado correcto de la historia. En un mundo que miraba con ojos largos las aventuras marxistas, que terminaron como terminaron, levantó las banderas de la «revolución en libertad», o -lo que es lo mismo- la última forma de mantener el «modelo» incorporando los clamores de justicia social y de utopía que resoplaban con fuerza en el continente. Y pese a que no fue capaz de evitar que la historia siguiera su curso, y que el marxismo llegara al poder, nuevamente se puso del lado correcto al advertir el desastre de Allende y denunciar su alejamiento del Estado de Derecho.

Pese a que es lo más controversial de su biografía, es posible afirmar que también estuvo en lo correcto al apoyar el golpe de Estado, al que mayoritariamente -como hoy ocurre en Venezuela- los chilenos declamaban para evitar transformarse en una nueva Cuba. Pero, lo más importante, estuvo en lo correcto al advertir tempranamente que Pinochet había llegado para quedarse y que este no solo le había quitado la Unidad Popular a los chilenos, sino también las libertades más básicas, la separación de poderes y todo lo que sabemos.

Así como en la novela «Frankenstein», de Mary Shelley, paradójicamente Frei ayudó a construir el monstruo que terminó volcándose en su contra y que, tal como en la novela, probablemente lo terminó matando. En la novela, el gólem no tiene nombre, en Chile se llamó Pinochet.

Lo curioso es que pese a la perspectiva que ha dado el tiempo, que ha permitido a muchos enterarse de cosas que de buena fe no supieron en su momento, el pinochetismo siga existiendo en Chile y con no poca fuerza. Es que parece claro que las fotos de Pinochet fueron descolgadas pero no eliminadas. Están ahí, «en un rincón, en un papel o en un cajón».

Es posible que la historia haya dado el vaticinio que nadie que apoyó a Pinochet será presidente de Chile. Una especie de ananké griego o de fatum romano que personifican al destino y que sea la explicación del porqué solo un opositor a Pinochet, Sebastián Piñera, ha llegado a ocupar la banda presidencial desde la centroderecha.

El mismo Piñera nuevamente estuvo bien en su reacción política al fallo. Para la historia quedará su inmediata declaración, sin ambages, para condenar el hecho. Sin tapujos. Sin remilgos. Sin letra chica. Era lo que tenía que hacer. Pero nuevamente la mayor parte de su sector partió para el otro lado…

La muerte de Frei no ha quedado aclarada del todo. Pese a ello, a partir del miércoles pasado es posible decir, basado en la justicia chilena, que a Frei lo mataron. Así lo dictaminó sin grandes pruebas el juez Madrid. Es que en este caso parece aplicar la vieja frase italiana (atribuida a Giordano Bruno en el siglo XVI): «Se non e vero, e ben trovato» (si no es cierto, está bien encontrado)… Mal que mal, el debilitado Frei estaba en manos de un enemigo con manos ensangrentadas…

Publicado en El Mercurio.

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