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La niña bonita (ha salido en el baile)

3 de Mayo 2020 Columnas

El lunes que recién pasó debiéramos haber estado contando votos y explicando resultados. El plebiscito que pretendía dilucidar si los chilenos querían o no una nueva Constitución, debiera haberse llevado a cabo el domingo 26 de abril, pero la necesidad de mantener el distanciamiento social y el aumento progresivo de contagios por Covid19 determinaron que el Ejecutivo decidiera aplazarlo hasta octubre.

El mismo domingo pasado, cuando habríamos estado conociendo los primeros resultados en torno al “Apruebo” o “Rechazo”, y la alternativa elegida, entre Convención Constituyente o Convención Mixta, el Presidente Sebastián Piñera decidió ponerle un pelo más a la sopa, al afirmar –justo ese día- que la crisis económica que ya se está instalando en el país a raíz del coronavirus –y que promete incluir una recesión de proporciones-, podía ser una razón de peso para aplazar nuevamente el plebiscito y no realizarlo el 25 de octubre, como está planificado. En una entrevista a CNN Español, el Jefe de Estado advirtió: “Quizás la recesión económica va a ser tan grande, va a poner tantos desafíos a todos los países, incluyendo a Chile, que este es un tema que quizás se va a volver a discutir”.

Mala cosa, por cuanto no parece ser el momento de sacar al baile al plebiscito, cuando el país completo está concentrado en los contagios, fallecidos y la crisis económica. De hecho, el propio Ejecutivo se dio cuenta de lo inoportuno de las palabras del Mandatario y fue el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, quien tuvo que salir a apaciguar las aguas: “El itinerario está vigente y se tiene que cumplir”, aseguró, junto con explicar que “es un acuerdo que fue tomado por el Congreso, que tiene fechas precisas y claras”.

Pero eso fue recién el martes. Antes de aquello, la olla a presión había comenzado a hervir nuevamente y a expulsar con fuerza su vapor. Obviamente la oposición reaccionó, pues por primera vez en lo que llevamos de crisis sanitaria tuvo a la mano un elemento que le permitió unirse –desde el Frente Amplio hasta la DC-, para afirmar que el plebiscito no debía cambiarse. Pero también desde Chile Vamos, algunos –como el presidente de RN, Mario Desbordes- criticaron las palabras del Mandatario, aprovechando para ello una reunión que sostuvieron con él ese mismo día. Allí le hicieron ver lo inoportuno de sus palabras.

Desde la academia también hubo críticas. Uno de ellos fue el Premio Nacional de Humanidades y académico de la Universidad de Valparaíso, Agustín Squella, quien dijo que el proceso constitucional ya está iniciado y que no puede “ser ganado por secretaría”, haciendo alusión a quienes se oponen a su ejecución.

Todo apunta a que en esta materia, el Presidente decidió escuchar precisamente a quienes más se resisten a que la consulta se realice, fundamentalmente en la UDI y sectores aún más conservadores, que ven en el plebiscito una amenaza para el país. No queda claro, en todo caso, cuál sería entonces la alternativa: ¿deshacer lo andado y eliminarlo completamente? ¿Hay agua en la piscina para aquello?

Y si el debate apunta a un enroque de meses, en esta discusión no solo existe un tema de fechas y calendario. Sino también un punto más pragmático: ¿Cambiarlo para cuándo? Ya el próximo año está atiborrado de elecciones, lo que transformaría la prórroga en un sinsentido. Considerando que la consulta ciudadana se mantenga para octubre, en 2021 habrá de todas maneras primarias, elección de constituyentes, alcaldes, concejales, gobernadores regionales, parlamentarios, cores y presidenciales. Hay quienes hablan de 17 mil candidatos dando vueltas.

Bajo ese punto de vista, no cobra sentido aplazar también el plebiscito de entrada para 2021, a menos que lo que esté en la mente del Mandatario y de sus asesores del segundo piso, liderados por Cristián Larroulet, sea una de dos alternativas: eliminar el plebiscito a rajatabla o continuar aplazándolo, pateando la pelota para el próximo gobierno.

Cualquiera de esas dos alternativas no parece viable. La nueva Constitución fue quizás el compromiso más relevante que adquirió el Presidente Sebastián Piñera luego del estallido social. No sería, tampoco -como han recordado variados académicos- la primera elección que se realizaría en temporada de crisis económica. Y la ciudadanía espera que el Mandatario cumpla. Sacar al baile ahora –cual niña bonita- la posibilidad de aplazar el plebiscito nuevamente y, quizás, hasta un nuevo periodo, es, en buen chileno, esquivar el bulto y, a todas luces, una mala idea.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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