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La llama doble

29 de Enero 2017 Columnas Noticias

La devastación provocada por los incendios forestales tiene al país, literalmente, en ascuas. Más de 400 mil hectáreas consumidas por una espiral de fuego que aún no logra contenerse; bosques, cultivos y animales reducidos a cenizas; Santa Olga, un pequeño poblado de la Región del Maule, borrado del mapa en el lapso de una noche; pérdida de vidas humanas; cientos de damnificados que han quedado en la intemperie; áreas geográficas del centro-sur de Chile convertidas en hogueras; y, por último, un daño patrimonial del ecosistema todavía incuantificable.

En una sociedad acostumbrada a los desastres naturales, los incendios de estos días han sobrepasado los límites del asombro, entre otras cosas, porque a diferencia de lo que ocurre con los terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas, en este caso hay una ‘llama doble’, que está quemando una fibra muy íntima y atávica de nuestra convivencia. La sola posibilidad de que exista una intención humana en lo que estamos observando, de que personas o grupos de personas puedan estar en el origen -aunque sea de modo parcial- de este océano de fuego, nos sitúa ante un drama que, simplemente, no cabía en el imaginario colectivo que Chile ha construido en las últimas décadas.

Hasta ahora, todas son versiones no comprobadas, rumores sembrados en las redes sociales, detenciones por sospecha, antecedentes oficiosos que permiten ‘presuponer’, pero que nadie parece todavía en condiciones de confirmar. Personas que habrían sido descubiertas con elementos inflamables, grupos que habrían disparado contra brigadistas que combaten el fuego, pero ninguna autoridad ha podido dar plenas garantías. En el fondo, sólo una enorme incertidumbre sobre el origen y la diseminación de esta tragedia, que se suma a la precariedad derivada de sus secuelas dantescas.

Con todo, es absolutamente imprescindible separar ambas dimensiones, porque si se comprueba una intencionalidad humana interviniente en estos hechos, el país deberá asumir que está frente a un problema de ‘seguridad nacional’ de otro calibre, completamente distinto a todo lo que hemos vivido desde el retorno a la democracia. Y no sólo por la mera constatación de que existirían personas con la voluntad y la capacidad de producir un daño de estas dimensiones, sino también porque todos los dispositivos de control y todos los esfuerzos de inteligencia para anticiparlo habrían fallado. Si hay, aunque sea marginalmente, personas tras estos horrores; si la sociedad chilena no fue capaz de saberlo y prevenirlo, estamos ante un escenario de incalculables consecuencias.

Es tan demencial siquiera imaginarlo, que el peor error que podemos cometer es intentar adivinar quiénes son, cuál es su grado de organización y sus motivaciones. Pero lo que no podríamos eludir es la pregunta de fondo: qué nos pasó como país y como sociedad, dónde está la falla humana que puede explicar algo de esta naturaleza.

Lamentablemente, el fuego sigue consumiendo bosques y amenazando poblados. Pero hay también una llama doble, que al parecer nos está dejando en cenizas a todos.

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