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La catarsis que vendrá

19 de Noviembre 2017

“No sé si el Frente Amplio va a seguir igual. Más que la unidad, es la identidad del Frente Amplio, eso es lo que se juega el domingo”, dijo –acertadamente – el viernes pasado el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, en un análisis previo a lo que sucederá en la jornada electoral de hoy.

Efectivamente, el futuro de las distintas coaliciones es una de las incógnitas que se abren a partir de hoy, en una jornada que ha estado precedida de una campaña concentrada en esa nebulosa política, donde nadie se atreve a hacer apuestas respecto de lo que sucederá, en un ambiente sin épica ni grandes emociones.

Las elecciones de hoy se transformaron en un gran signo de interrogación, donde hay muchas más preguntas que respuestas. Se trata de una jornada rodeada de un halo de misterio, en el que a partir de los datos que se conocerán esta noche (y en los siguientes días) no encontraremos certezas, sino todo lo contrario: se irán abriendo más incógnitas, que abarcan a toda una clase política que se encuentra en crisis y que a partir de los resultados de hoy deberá hacer una necesaria catarsis.

De hecho, luego de que se conozcan los resultados, uno de los primeros análisis que se instalarán será el futuro de la Nueva Mayoría. Una coalición desgastada y dividida, que llegó a estas elecciones con dos candidatos y cuya administración del país –exitosa en lo económico y social- terminó destruyendo su propio ideario y fraccionando letalmente a la centroizquierda en distintas y pequeñas fracciones, ninguna de las cuales en realidad se siente cómoda sentada al lado de la otra. Ni siquiera la DC con su antiguo aliado, el PS.

Es precisamente en la Democracia Cristiana, otrora mayor partido de la Concertación, donde esta purga será quizás más fuerte. Con una participación en el Congreso que ha ido a la baja consistentemente en los últimos diez años, si los resultados no son lo que esperan –lo que de acuerdo a las encuestas parece ser así, al menos en la presidencial- la tienda se convertirá en el escenario de una guerra civil en la que los líderes históricos culparán a los sectores más jóvenes, que apostaron por el camino propio, de una derrota que –en realidad- no será más que el epílogo de un camino iniciado precisamente por los dirigentes que en su momento se instalaron cómodamente en el poder y dejaron de lado el alma falangista. El ambiente es tal que hay quienes incluso han llegado a comparar el estado actual de la colectividad con lo que sucedió a fines de los ’60 y que terminó con la salida de un gran número de militantes que se refugiaron en el MAPU.

Sebastián Piñera también deberá hacer un periodo de reflexión. Aun cuando la mayor parte de los sondeos apuntan a que será quien saldrá mejor parado hoy, lo cierto es que deberá enfrentarse a dos situaciones que deberá resolver con habilidades políticas, no económicas. Y aquellas no son su fuerte.

Lo primero tiene que ver con qué hará con la derecha más conservadora, esa que se ha sentido mucho más cómoda con José Antonio Kast que con él, pero cuyos votos necesita para afianzar su liderazgo en segunda vuelta. Pero además, deberá determinar qué tipo de gobierno implantará en esta segunda ocasión, cómo evitará cometer los mismos errores –como creer que el Estado puede funcionar como una empresa- y quiénes serán sus brazos armados en la negociación con el Congreso. Un Legislativo que encarna quizás la mayor incógnita de esta elección: con un sistema electoral nuevo, nuevos distritos y circunscripciones, con 35 diputados y seis senadores más, y con una composición probablemente mucho más heterogénea (gracias al fin del binominal) que la que Piñera tuvo que enfrentar en su primer mandato.

Finalmente, no puede quedar en el tintero el comportamiento del votante. Los análisis han sido tan disímiles que han tenido un margen de dos millones de personas diferencia, porque lo cierto es que es muy difícil realizar prospectiva al respecto. No se sabe si el elector irá a votar o a esta hora ya está preparando la parrilla para el asado, pero además, tampoco hay indicios sobre el comportamiento electoral que tendrán los chilenos en el extranjero, donde –a propósito- la inscripción de votantes fue mucho menor a la que se esperaba.

Hoy será un día de verdades, algunas incómodas, pero que de a poco irán abriendo el espacio para estas catarsis que, fundamentalmente, serán necesarias si se quiere romper la tendencia a la baja del sistema político. Aunque duela, sacar los trapitos al sol es la mejor terapia. No hay otra forma de salir de las crisis.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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