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La caída de Mañalich

13 de Junio 2020 Columnas

A estas alturas, ya no había alternativa: la incapacidad para controlar el aumento de contagios y fallecidos, los inexplicables errores en el manejo de las cifras, un retorno a la normalidad que nunca fue posible y el importante deterioro de su credibilidad pública, hicieron insostenible la permanencia de Jaime Mañalich en la cartera de Salud.

Después de un esfuerzo encomiable del ahora exministro -estuvo incluso dispuesto a poner en riesgo su vida-, los números de las últimas semanas terminaron siendo igualmente decisivos; prisma transparente de una gestión que no logró atenuar la curva de la enfermedad, y que se topó con una ciudadanía escéptica y al final indispuesta a seguir los protocolos exigidos por la autoridad.

El exministro Mañalich tuvo el acierto de anticipar la crisis, la necesidad de preparar al sistema de salud para la coyuntura, pero no previó su magnitud ni su dramática evolución. Como él mismo lo confesara hace unos días, sus modelos no resistieron el peso de los acontecimientos y esa realidad terminó por debilitar la certidumbre en el camino elegido. Parte de ello fueron también los problemas de interlocución con la comunidad de especialistas y la escasa apertura a las voces disidentes. Entre los logros de su gestión, sin duda destaca que -al menos hasta ahora- el sistema de salud no haya sido desbordado y que las camas críticas sigan estando disponibles para quienes las necesitan. Pero es verdad que los errores comunicacionales fueron muchos, lo que sumado a las fallas en las proyecciones derivaron en una insalvable pérdida de credibilidad.

Antes de partir, el exministro advirtió tiempos de mayor estrés para la población y el sistema de salud. En rigor, el nuevo titular de la cartera -Enrique Paris- cuenta con un muy escaso margen para mostrar resultados. El aumento de contagios y fallecidos de las últimas semanas, sumados ahora a la renuncia de Mañalich, no pueden ser leídos sino como la evidencia de una derrota, y es precisamente esa percepción la que el nuevo ministro tiene el imperativo de revertir en el corto plazo. Ello supone entonces que las medidas impuestas a la población deberán ser más estrictas, con todos los costos sociales y económicos que ello implique.

Restablecer las confianzas con los actores relevantes del sistema de salud y, en especial, con la ciudadanía; reducir las curvas de contagio y letalidad, son las tareas más urgentes del nuevo integrante del gabinete. Nada fácil en el combate a un enemigo invisible y con patrones de conducta desconocidos; en un país fracturado por la mayor crisis política y social de las últimas décadas, y con un deterioro económico en ciernes, que socaba la calidad de vida de un sector muy relevante de la población.

La caída del ministro Mañalich deja dos conclusiones dolorosas en el aire: la estrategia original del gobierno no logró sus objetivos y debió ser desechada; ello implica que vienen tiempos todavía más duros para la población.

Publicada en La Tercera.

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