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La argentinidad al palo…

28 de Junio 2018 Columnas

En el fútbol no hay razón. Todo se mueve por la pasión y en ese sentido se mezclan emociones destructivas y a veces las constructivas.

Como en las organizaciones, más allá de teorías, métodos y herramientas, el nivel político sostiene sus decisiones desde la experiencia vivida, la historia y la heurística afectiva, es decir, la emoción.

Ese nivel político es el que dirige, es el que determina el rumbo, el que busca cohesión alrededor de los valores y el que busca alinear a la organización con el destino establecido, con la visión y la misión.

Y en tal sentido en el fútbol sucede lo mismo. El caso de la Selección Argentina y su sufrimiento (Mi sufrimiento) no es otra cosa que la evidencia acerca de cómo los problemas fundamentales de las organizaciones están originados en su conducción política, la que se refleja en la performance y en los resultados.

Más allá de contar con los recursos, quedó expuesta la falta de dirección y la debilidad del liderazgo, tanto de la dirigencia de la Asociación del Fútbol Argentino como también, en el espacio del juego, donde Sampaoli no pudo aplicar sus ecuaciones diferenciales estocásticas para resolver la manera de romper defensas rivales.

Desde la confusión en los lenguajes, hasta reacciones que limitan con la histeria, el entrenador que siempre anheló ese puesto quedo minimizado por su falta de adaptación a las necesidades de jugadores que hablan otro lenguaje y otros códigos.

Sampaoli parece que nunca se dio cuenta…

Quedó claro que en el agónico triunfo sobre Nigeria y la clasificación no fue el resultado de la conducción de Sampaoli, que quedó aislado y solo en su laberinto, sino que fue producto de un conjunto de voluntades que suponen manejar lenguajes y conductas compartidas. Los jugadores hicieron su revolución, como casi siempre sucede ante una conducción autista.

El Seleccionado Argentino también es reflejo de una sociedad que se debate entre el caos y el orden para volver al caos, algo que forma parte de un modelo cultural tan alienante como apasionante.

La pasión por sobre la razón, siempre. Y así, como argentino, tengo que seguir sufriendo en esta tormenta interminable, pero que nunca es un tormento.

Esta es una forma de ser, inexplicable para algunos, pero muy clara para quienes venimos de ese lugar en el que el fútbol, el tango, el rock, Maradona y Borges se entremezclan para vivir una tensión interminable.

No sé si Dios existe, y ni siquiera se si es argentino, pero seguro que alguna rara sensación sobrevuela para que una sociedad viva del goce y del sufrimiento a la vez.

Y quienes dirigen en ese escenario, deben muchas veces romper los libros, porque para dirigir en La Argentina, no hay que estudiar en Harvard. Simplemente, hay que darse cuenta y eso no es para cualquiera.

Guillermo Bilancio.

Director Magister en Administración y Estrategia Escuela de Negocios UAI.

 

 

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