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Intríngulis DC

5 de Marzo 2017 Columnas Noticias

La alternativa de restarse de las primarias se ha convertido en el último dilema de la Democracia Cristiana (DC). Señal categórica del grado de desafección que un sector importante de la colectividad siente hoy hacia la Nueva Mayoría, y de la distancia que provoca en no pocos una eventual candidatura de Alejandro Guillier. De algún modo, las tensiones generadas con el PC a raíz del abortado viaje de Mariana Aylwin a Cuba, vinieron a ser el punto de quiebre de esta incomodidad, un malestar creciente que, por ahora, no logra encontrar un cauce políticamente fértil.

La opción de desestimar las primarias y correr en solitario hasta la primera vuelta no es fácil para la Falange. En los hechos, supone descolgarse del oficialismo y competir contra él, tratando a su vez de mantener un piso mínimo de convergencia que permita un acuerdo parlamentario y, después, un esfuerzo conjunto para el balotaje. Distinto sería el escenario si los otros precandidatos y partidos estuvieran disponibles para hacer lo mismo; ello implicaría entonces ir con Ricardo Lagos, Alejandro Guillier y el futuro abanderado socialista, todos por separado a competir en primera vuelta. Es decir, una coalición de gobierno dividida en cuatro candidaturas presidenciales. Algo sin precedentes, que al menos hasta ahora, Ricardo Lagos y Alejandro Guillier han descartado de plano.

La otra alternativa, ir con presidenta de la colectividad a la primaria, es, por su parte, la crónica de una derrota anunciada. En rigor, ya no hay tiempo suficiente para un despliegue de campaña que pueda alterar lo que hoy se ve como inevitable: el casi seguro triunfo en dicha instancia de Alejandro Guillier. De este modo, la Democracia Cristiana se encuentra ante dos alternativas de alto riesgo, ninguna de las cuales asegura nada.

Ir a primera vuelta sola es dinamitar a la Nueva Mayoría; participar de la primaria es, de mantenerse las actuales tendencias, asegurar el triunfo de Guillier. Y tener la obligación de apoyarlo después.

En definitiva, la DC se enfrenta ahora a los costos de su sumisión anticipada a Michelle Bachelet en la elección anterior; de haber abandonado a Claudio Orrego a su suerte para asegurar posiciones frente a la candidata que, inevitablemente, iba a triunfar. El precedente quedó ahí instalado: la Falange estuvo dispuesta a renunciar de antemano a su cuota de poder, aceptando su consecuente subordinación. La misma que se ha repetido después, cuando decidió “congelar” su relación con el gobierno exigiendo cambios en su conducción política, para tener luego que “descongelarlas” sin obtener nada a cambio.
O ahora, pidiendo un gesto de respaldo del Partido Comunista frente a la decisión de Cuba, sabiendo que no lo iba a obtener.

Al final del día, lo que la Democracia Cristiana está enfrentando es simplemente el precio que paga un partido que, en una elección presidencial, decide traicionarse a sí mismo, haciendo incluso gala y ostentación de su propia debilidad.

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