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Incertidumbre: aprendizajes y oportunidades

31 de Marzo 2021 Columnas

Sin lugar a dudas el 2020 ha sido un año especial para todos. La vida universitaria no ha estado ajena a ello y, por cierto, la dimensión internacional. Particularmente para el caso de Chile y de nuestra universidad, también considerando un segundo semestre 2019 que afectó significativamente el quehacer de la actividad en nuestro país derivado de los hechos del estallido social que significó un gran esfuerzo entre otras cosas, para brindar acompañamiento a los más de 200 estudiantes internacionales cursaban en Chile su semestre de intercambio. 

Iniciando el 2020 y buscando estabilizar esta situación con una campaña para revertir la imagen país generada , se había logrado, en el caso de los estudiantes entrantes, contar con más de 100 alumnos internacionales en nuestras aulas.  Sin embargo, llegó la pandemia y lo cambio todo. Al inicio fue desconcertante, complejo y  desgastante, el desarrollo de la pandemia nos hizo navegar por escenarios de alta incertidumbre que con el pasar de los meses y proyectando este 2021 se ha convertido en una constante que hemos tenido que aprender a manejar. 

Desde hace un tiempo que los expertos aseguraban “lo único que podemos tener certeza hoy es el cambio” y sin lugar a dudas expresiones como esta fueron adquiriendo cada vez más sentido y se ha convertido en uno de los primeros aprendizajes organizacionales como equipo de Relaciones Internacionales: la incertidumbre como un elemento de contexto. Incertidumbre que se ha convertido en una oportunidad para desplegar nuevas herramientas individuales y colectivas para fortalecer y  profundizar el desafío de la internacionalización en nuestra Universidad. 

Es así como el 2020 fue un año intenso de generación de redes, redes internas y externas que han permitido explorar nuevas formas de trabajar, hacer las cosas y generar nuevas iniciativas, que también permitieron integrar de mejor forma las capacidades institucionales en un trabajo transversal, cooperativo e interdisciplinario. En ello, sin lugar a dudas el uso de las tecnologías como un mecanismo habitual de interacción no sólo fue fortalecido en los procesos de enseñanza – aprendizaje en aula, sino que en la necesidad de repensar desde la gestión de la internacionalización nuevas formas de hacer las cosas, “salir de la caja”, explorar a nuestros usuarios, correr riesgos y prototipar nuevas iniciativas que  sean capaces de responder a los escenarios de una educación de frontera. 

Durante este tiempo hemos sido capaces de aprender como comunidad universitaria a trabajar cada vez más en equipo, con objetivos comunes y mirando la internacionalización no como un proceso restringido a la movilidad física de estudiantes, sino en una mirada integrada, interdisciplinaria y reflexiva que es parte fundamental de nuestro modelo educativo. El balance desde la perspectiva internacional es positivo y se ha visto reflejado en una mayor comprensión del proceso: nuevas experiencias internacionales, nuevos programas, más acuerdos y redes. Hemos abierto ventanas cotidianamente en los diferentes ámbitos en los que nos desempeñamos, que nos ha llevado hacia una mirada más global, no acotando nuestras decisiones sólo a una visión interna, por supuesto que esto permite y es gracias a que podemos aportar con nuestros socios internacionales, con quienes hemos fortalecido nuestros lazos durante este tiempo. 

Iniciando un nuevo año, constatamos que estos elementos serán parte de los desafíos y oportunidades para nuestra Universidad y por tanto la invitación es a seguir ese camino, un camino que sin dudas es el que consolida día a día nuestro proceso de internacionalización.

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