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Incentivos Tributarios a la Inversión

15 de Octubre 2019 Columnas

Uno de los objetivos planteados para la actual reforma tributaria que se discute en el Congreso, es que incentive la inversión y con ello el crecimiento económico. Sin duda se trata de un buen objetivo, pues de las peores cosas que dejó la reforma de 2014, junto con dos sistemas tributarios generales, fue precisamente no incorporar incentivos al ahorro y a la inversión.

La pregunta es cuáles debieran ser esos incentivos. Se ha planteado que la reintegración tributaria sería uno de ellos, pero no hay evidencia empírica que sustente esa afirmación. La razón por la cual es correcto tener un sistema 100% integrado, tal como lo expliqué en una columna anterior en Entrepiso, es de equidad tributaria horizontal.

Existen en cambio, otros instrumentos basados en teoría económica y con suficiente evidencia empírica de respaldo sobre sus buenos resultados.

El primero, es la depreciación instantánea que implica que, para efectos tributarios, cuando una empresa compra un activo fijo, como por ejemplo una máquina, el 100% de su valor se descuenta como gasto en el momento de la compra y no a lo largo de varios años. Incorporar depreciación instantánea en forma permanente como parte de la política tributaria en Chile sería un cambio en la dirección correcta respecto a incentivos tributarios para fomentar la inversión. La crítica que se ha hecho a esta medida, diciendo que incentiva el capital físico y castiga la inversión en capital humano, es un reproche equivocado. En nuestro actual sistema tributario, la inversión en capital físico está tributariamente en desventaja respecto a la inversión en capital humano. Cada vez que una empresa invierte en capital humano, como por ejemplo capacitando a sus trabajadores, ese gasto se reconoce completamente y en forma inmediata, que precisamente es lo que no ocurre cuando invierte en capital físico. La depreciación instantánea igualaría tributariamente las cosas y haría que los impuestos sean neutrales respecto al tipo de inversión que realizaron las empresas, lo cual es correcto ya que distintos sectores usan tecnologías diferentes y requieren invertir en distintas formas de capital en proporciones diferentes. Incorporar depreciación instantánea permanente, no es una propuesta muy novedosa pero sí es correcta. Tanto la Comisión Presidencial de reforma tributaria en Estados Unidos (2005) como la Comisión Mirrlees de reforma tributaria en Inglaterra, la incluyeron como parte de sus propuestas.

El segundo incentivo tributario que se podría incorporar es un sistema ACE (Allowance for Corporate Equity) para empresas. Este incentivo tributario consiste en permitir que se reconozca como gasto una tasa de interés “nocional” o ficticia sobre las utilidades reinvertidas en la empresa. Bélgica fue el primer país en implementar este sistema el año 2006, incorporando una deducción equivalente a la tasa de retorno de uno bono del Estado Belga, a 10 años sobre el valor de las utilidades reinvertidas, y ha sido una política exitosa replicada por varios países. Una de las virtudes de este sistema, además de incentivar la inversión, es que elimina la distorsión existente en el financiamiento de las inversiones, ya que los intereses de las deudas son deducibles de impuestos mientras que el financiamiento con utilidades propias no lo es, lo cual incentiva el uso de deuda sobre capital. En Chile, se puede implementar fácilmente en el actual impuesto de primera categoría, incorporando una deducción equivalente, por ejemplo, a la tasa de un bono en UF a 10 años del Banco Central de Chile sobre las utilidades retenidas y reinvertidas en la empresa.

Estos dos cambios generan en el corto plazo una reducción en la recaudación, y esa es una razón por la cual los gobiernos se resisten a implementarlas. Sin embargo, para mantener la recaudación tributaria constante podemos subir otros tributos y el candidato natural es el impuesto al diésel. El impuesto a los combustibles es un impuesto óptimo que permite reducir externalidades negativas, ya que el consumo del petróleo y sus derivados está directamente asociado a mayor contaminación, congestión y accidentes de tránsito. En Chile el diésel tiene una tasa cuatro veces menor que la gasolina a pesar de que contamina más. Subir la tasa del diésel para igualarla a la de las gasolinas es una medida técnicamente correcta, aumentan la eficiencia en la economía y además generaría una recaudación importante. Se puede implementar gradualmente para mitigar algunos de sus efectos y, ahora que se va a realizar en Chile la COP25, podría ser una buena medida de anunciar como parte de los compromisos medioambientales del país.

Publicado en Entrepiso.cl.

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