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Identidad de género

24 de Septiembre 2018 Columnas

Señor Director:

Pese a celebrar el “espíritu” de la ley de identidad de género, Axel Kaiser expresa ciertos reparos. Los liberales, dice, no se han hecho cargo de algunas preguntas y dificultades. Señala que, si se les reconoce el derecho a las personas trans de cambiar su sexo registral, debería -al menos, potencialmente- hacerse lo propio con las personas que poseerían una condición de “trans-edad” u otras semejantes. Sin perjuicio de que los liberales sí se han hecho cargo de algunas de sus dudas, llama la atención la comparación que establece Kaiser en su argumentación. ¿Por qué da por descontado que todas las situaciones a que se refiere son equivalentes? Tal vez cree que lo son porque piensa que sexo y género son lo mismo, o porque cree que el género es una mera preferencia subjetiva (en cuyo caso parece que lo de las preferencias subjetivas valdría para las elecciones en el mercado, pero no para otros asuntos).

Pero más allá de esas probables confusiones, como presunto liberal, Kaiser debería preguntarse al menos lo siguiente: a) ¿por qué el Estado debería reconocer como oficial una particular concepción de la sexualidad humana, descartando la existencia de sexualidades alternativas?, y b) ¿por qué tendría que hacerse coincidir necesariamente el sexo registral con el sexo biológico? O, más aún, ¿por qué tendría que aparecer en los documentos de identidad una marca asociada al sexo de las personas?

Kaiser no parece orientarse por los principios del liberalismo a la hora de plantear sus extemporáneas dudas (“extemporáneas”, porque ahora pide una mayor deliberación, después de que la ley ya fue aprobada, luego de cinco años de tramitación y una profusa discusión en el Congreso Nacional, en el mundo académico y en la sociedad civil).

En lugar de dejarse orientar por sus pretendidos principios, parece empeñado en enredarse en la casuística, obstinarse en errores conceptuales (al no distinguir entre sexo y género) e insinuar que las personas trans, o no están en sus cabales u obran por simple capricho. Con todo, quizás él mismo se reserva una respuesta concordante con el liberalismo que supuestamente profesa. Aquí aprovechamos de recordarle cuáles son los principios del mismo: la libertad individual, limitada por el daño a terceros, y la igualdad de todos ante la ley (incluidas, por cierto, las minorías sexuales).

Escrito junto a Valentina Verbal-Directora de Formación de Horizontal.

Publicada en El Mercurio.

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