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Homenaje a las librerías de viejo

23 de Abril 2019 Columnas

Cambia todo cambia, como dice la canción. Y está claro que el concepto de “librería” ha sufrido enormes cambios en los últimos años: hoy compramos libros por internet, hay cadenas de librerías y también se venden en supermercados. En el día del libro quisiera hacer un homenaje a las así llamadas “librerías de viejo” y su aporte a la experiencia de lectura y de encuentro. Porque pese a todo, subsisten por aquí y por allá en nuestra zona.

Al final de la calle Valparaíso, pasando la calle Von Schroeder, y en medio de pubs y locales de comida, se encuentra la Popol Vuh, una pequeña gran librería que lleva hace incontables años Carlos Herrera. Su nombre viene del libro que recopila las narraciones míticas del pueblo Maya, pero también significa “reunión”, “comunidad”, “casa común” y “junta”. Anteriormente se encontraba en la calle Von Schroeder, pero luego de un incendio en que Carlos perdió todo, volvió a empezar donde se encuentra actualmente.

Ubicada en Valparaíso, en la calle Pedro Montt frente al Congreso, se encuentra La Crisis, cuyo dueño es Mario Llancaqueo. Tal como explican en su Facebook, su “nombre surge en homenaje a la emblemática revista Crisis, dirigida por Eduardo Galeano. Pero también la palabra crisis, siguiendo su etimología, nos ofrece la posibilidad de ir rehaciéndonos en el camino.” Gran parte de mi biblioteca de adolescente se formó con la ayuda de Carlos y la de estudiante universitaria con la de Mario. ¡Qué distinto es comprar un libro en una librería-cadena a que en una de estas dos librerías de viejo! Porque estoy hablando de una experiencia mucha más vasta que la del mero intercambio comercial. Ni Carlos ni Mario me miraron feo si demoraba más de la cuenta en la búsqueda entre sus empolvados anaqueles. Porque eso fue, siempre fue una búsqueda de ese “objeto encontrado” (objet trouvé) como lo llamaban los surrealistas. Porque vender un libro lo hace cualquiera que maneje una planilla Excel. Catalizar un encuentro ya es más complejo.

Carlos y Mario no necesitaban de computadores, conocedores de sus librerías sabían dónde encontrar lo que uno estaba buscando. Muchas compras se alargaban increíblemente por las conversaciones que surgían espontáneamente con ellos. Lectura y conversación van de la mano, deberían ir de la mano. Pero eso necesita tiempo, disponibilidad, conocimiento, pasión y amor por la literatura.

Todo eso hay en las librerías de viejo, donde comprar un libro es siempre más que comprar un libro. Hace muchos años que ya no visito ni La Crisis ni la Popol Vuh. Quise en esta fecha recordar a dos libreros que fueron fundamentales en mi formación tanto académica como personal. Pero no sólo en la mía, ellos continúan ofreciendo en nuestra región ese espacio de encuentro que cada vez es más difícil de sostener en estos tiempos. Tal como sugieren los nombres que llevan estas librerías: un espacio al mismo tiempo comunitario y de reconstrucción personal.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso.

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