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Estudiando al enemigo

13 de Agosto 2020 Columnas

En medio de esta pandemia de coronavirus, muchos científicos buscan entender al virus, cómo se propaga, cómo entra y afecta al cuerpo humano. Nosotros en Chile, sin saberlo, ya nos encontrábamos estudiando y comprendiendo a uno de sus secuaces desde hace años.

Les voy a contar una historia real, que ilustra la importancia de la investigación en ciencias en general, esa que sucede día a día en universidades y laboratorios, pero que a veces mucha gente, con justa razón, se pregunta acerca de su utilidad o prioridad al comparar con otras necesidades de más corto plazo.

Yo soy científica, doctora en Biofísica y actualmente trabajo en la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibañez como profesora de Ciencias. Tengo como objetivo transmitir a mis estudiantes la importancia de la ciencia, desarrollando en ellos un pensamiento crítico.

En medio de esta pandemiaeste mensaje es mucho más fácil de transmitir y los estudiantes pueden experimentar, al igual que muchos de los que se encuentran en sus casas, la importancia que tienen estos descubrimientos y avances para frenar la propagación de este virus. Pero este relato tiene que ver con el estudio de ciencia básica, muchas veces incomprendida, que requiere horas de explicación en estos cursos, porque cuesta mucho explicarles a los alumnos cual es su real importancia.

Hace un mes, en una reunión de equipo online con el grupo del Dr. Christian A.M. Wilson de la Universidad de Chile, con el cual colaboro, discutíamos resultados de un estudio sobre una proteína que, para el Dr. Wilson, es muy importante llamada BiP (Immunoglobulin Binding protein).

La BiP es una proteína que, en palabras simples, ayuda a que entren moléculas a una célula. Se sabe que, cuando esta proteína falla, existen enfermedades asociadas a su mal funcionamiento. Por mi formación en Física, mi interés en esta proteína es experimental y mi aproximación a ella y el estudio que realizamos fue para medir propiedades mecánicas, es decir, ¿qué pasa si la empujo o si la estiro? ¿Acaso la proteína funciona o deja de funcionar? Este estudio fue parte de un trabajo que publicamos, para el que desarrollamos técnicas innovadoras y que forma parte central de este trabajo interdisciplinario que realizamos con el laboratorio del Dr. Wilson (Casanova-Morales et al. 2018).

Probablemente, para muchos estas preguntas carecen de sentido y muchos se preguntarán ¿Por qué invertir tiempo y recursos en esto? ¿Para qué sirve? El interés científico parte desde la curiosidad, y en mi caso, la curiosidad de poder desarrollar y entender herramientas que permitan controlar un mundo tan pequeño como el de esas proteínas es un desafío lo suficientemente entretenido para dedicar todas mis energías en este trabajo.

Volviendo a la historia, estábamos en esta reunión y Christian nos cuenta que el equipo del laboratorio Cairo (Ibrahim et al. 2020) encontró que la proteína BiP, aquella que todos conocíamos y estudiamos como una buena amiga, es la responsable de anclar el coronavirus a las células humanas. ¡Estábamos estudiando al enemigo!, pensé automáticamente.

Muchos sentimientos se me vinieron a la cabeza. Debo reconocer que primero sentí odio, me sentí como traicionada por la proteína que habíamos escogido para estudiar, pero muy rápidamente sentí optimismo. Nosotros, gracias al estudio anterior realizado, sabemos cómo funciona la proteína, hemos descrito desde múltiples aproximaciones cómo se mueve, cómo interactúa.

Gracias a las publicaciones realizadas como equipo, ahora no sólo nosotros sino todos los científicos pueden acceder al conocimiento que generamos y, en el trabajo de la lucha contra el Covid-19 (Dores-Silva et al. 2020), podrán distinguir su comportamiento mecánico bajo diferentes estímulos, podrán saber qué estructura toma la proteína y en general podrán tomar como base este estudio de las propiedades mecánicas que realizamos acá, en Chile, en los laboratorios de nuestras universidades, para poder avanzar en un pequeño paso de lo que significa detener esta pandemia.

Comprendí que, si BiP es una de las responsables de anclar el virus a la célula, entonces nuestro trabajo, que llevamos desarrollando hace años con un enfoque distinto, sirve para ayudar en la lucha por el entendimiento de este virus que hoy nos invade. Y es así como estos desarrollos hoy son pasos adelantados que ya tenemos en este problema científico. Y es así como funciona la ciencia.

Al igual que en la historia, que es sólo posible de entender al mirar hacia atrás, al relacionar cómo se suceden los acontecimientos que forman lo que conocemos como sabido, la valentía está en aportar cuando el panorama no es claro, cuando cada uno desde su quehacer científico resuelve alguna interrogante que, en principio, puede parecer inconexa pero que, cuando se suman estos esfuerzos individuales y colectivos, permiten crear algo más grande que cada uno de nosotros. Algo que nos impacta a todos. Por eso hacemos ciencia.

Publicada en La Tercera.

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