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¿Es sólo la economía?

11 de enero 2019 Columnas Profesores

En el último tiempo se ha instalado la idea de que la baja evaluación por la ciudadanía de la última gestión de Michelle Bachelet, y ahora la caída en la aprobación del actual gobierno de Sebastián Piñera, se deberían a su incapacidad de dar cumplimiento a la promesa de un crecimiento económico sostenido. ¿Hasta qué punto es esto verdad? Lo primero es no confundir la pregunta. Si tomamos un indicador de más amplio alcance, como la confianza, la respuesta es distinta.

Un análisis de Portales y Sousa (2018), que utiliza datos de la encuesta Latinobarómetro desde 2002, revisa cómo ha ido evolucionando la confianza ciudadana en los gobiernos en comparación a otras variables perceptuales. La primera aproximación es que este indicador no se movería al ritmo de la evaluación que la ciudadanía hace sobre la situación económica actual del país.

Desde la perspectiva de la opinión pública, lo importante es cómo la economía es experimentada y percibida por la ciudadanía, y —sobre todo— cuáles son las expectativas en torno a ella. Tomando los mismos datos de Latinobarómetro, la situación cambia cuando lo que se evalúa es el futuro. La confianza en el gobierno y la visión económica respecto del futuro, tanto personal como del país, sí muestran una mayor relación.

Sin embargo, para analizar el Chile de los últimos años se deben incorporar otras variables de orden social. Siguiendo los datos de Latinobarómetro, por ejemplo, de ocho años con información disponible, el segundo gobierno de Bachelet tiene dos de los tres períodos con peor percepción respecto de la justicia en la distribución de ingresos, lo que coincide con una baja confianza hacia su gobierno.

Algo similar sucede con la percepción respecto de si Chile es gobernado por grupos poderosos que actúan en su propio beneficio. Esta variable muestra su peor resultado en 2015, durante el gobierno de Bachelet.

Es importante, entonces, que los actores políticos resignifiquen la forma de entender el concepto de valoración ciudadana de mediano-largo plazo o reputación. Muchos definen el “gap de reputación” como la distancia entre la realidad (lo que se hace y cómo se hace) y la percepción de esa realidad por las personas. Pero la brecha no está ahí. Ella radica en la diferencia entre la realidad (lo que un gobierno o actor político hace) y las expectativas; esto es, lo que se espera que haga a la hora de resolver no sólo eventualmente lo económico, sino también las inequidades en materia de oportunidades, abusos, transparencia y medioambiente, entre otras temáticas emergentes. Este resulta ser un paradigma mucho más dinámico, subjetivo y profundo.

Publicado en La Segunda

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