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Enchulando el “Mercedes Benz”

27 de octubre 2018 Columnas

Mañana o pasado, el Gobierno anunciará la esperada reforma previsional. Así, el “Mercedes Benz” -como lo calificó José Piñera en aquella bizarra entrevista televisiva- prepara su enchulamiento.

Pero no se trata de una reforma cualquiera. Se trata de la madre de todas las reformas. Es probablemente el área más sensible de todas; aquí y en el mundo entero. Solo basta recordar que Ortega, en Nicaragua, casi cae tras el anuncio de reforma previsional y que hasta en Rusia -un país donde protestar cuesta caro- los puños se han vuelto a levantar.

Desde que Bismarck presentó al parlamento, en 1881, la idea de que exista un sistema de pensiones, ello no ha parado más. El problema es que hoy, a diferencia de la Alemania de Bismarck, se venden más pañales de adulto que de niños, y es la razón que tiene al borde de la quiebra a muchos países.

Pero cualquier cambio en esta materia es traumático, donde los bastones en ristre suelen ser acompañados por quienes están a medio camino de jubilar poniendo en jaque a los gobiernos.

Así, Piñera se prepara a enfrentar el momento clave.

Hay que recordar que el gobierno de Michelle Bachelet inició su descenso en la popularidad -antes de Caval- con la reforma tributaria. Reforma, que más allá de la cocina de Zaldívar y las galletas de Fontaine, era mucho más técnica y compleja de entender. Acá no se trata de discutir de regímenes atribuidos o presuntos, se trata de saber por cuánto es el monto del cheque. Fácil y simple.

En general, todos los pensionados del mundo consideran que su pensión es baja, que es injusta, que no le alcanza. Y suelen tener razón. Pero en Chile hay una gran diferencia: el sistema es mayormente privado y la jubilación depende en mayor parte de sí mismo. Y si bien ahí está la mayor bondad (que lo llevó este año a estar calificado como el octavo mejor sistema del mundo), ahí está el principal flanco…

Después de años de muchas cotizaciones y pocas jubilaciones, el sistema de AFP empezó a estar en la palestra cuando aparecieron miles de historias de bajas pensiones. Todos conocemos a alguien: ganaba un millón y ahora recibe 250 mil; ganaba 500 mil y ahora recibe 100 mil. De nada sirve preguntarle por las lagunas previsionales. De nada sirve explicarle que la tasa de reemplazo está relacionada con el promedio de ingresos y no con el último sueldo. De nada sirve decir que en los países con sistema de reparto, los que no cumplen el número mínimo de cotizaciones no reciben nada. De nada sirve. Las AFP son culpables, y punto.

Cuando el culpable de la baja pensión es el Estado, la responsabilidad se diluye. Mal que mal, la percepción de la gente es que el Estado es ineficiente o que alguien “se roba la plata”. Con un sistema de capitalización individual, el responsable tiene domicilio conocido. Y el enemigo tiene cara (afortunadamente para las AFP, sus dueños hoy son extranjeros, porque si además de domicilio conocido los dueños fueran Délano, Saieh o Cruzat, como ocurrió en el pasado, entonces el enemigo sería más claro aún).

Pero las AFP no son culpables. Han hecho bien su trabajo que es ofrecer, primero, seguridad que la plata esté y, segundo, que el chancho engorde. Lo que sí, han cobrado por el Mercedes Benz más allá de lo que debieran cobrar y -lo que es peor- muchos se quedaron abajo del auto.

El Gobierno se juega a partir de mañana prácticamente su futuro, y la oposición tiene la oportunidad de encontrar, al fin, algo que la aglutine. En especial si aparece el Gobierno haciéndole el juego a las AFP.

Así, la reforma deberá mezclar el componente técnico con el componente estético y deberá dejar de lado medidas obvias, pero imposibles (como igualar la edad de jubilación de hombres y mujeres y retrasarla). De cierta forma, el exministro Rodrigo Valdés lo tenía claro: había que sacarle algo a las AFP para que siguieran existiendo. Algo parecido a lo que decían los contractualistas del siglo XVII respecto de que hay que renunciar a una parte de la libertad para mantener la mayor parte de aquella.

Es cierto que en lo últimos meses las calles han estado tranquilas. El No +AFP ha pasado a la irrelevancia amarilla. Pero también es cierto que el año pasado, la calle juntó a mucha gente bajo el simple eslogan “No más AFP”. Y ello se puede activar en cualquier momento. En especial, si el Gobierno aparece dubitativo, insensible o buscando beneficiar a “los malos”.

Mal que mal, si las cosas no resultan como quiere el Gobierno, tendremos a toda la oposición, alborozada, apedreando al Mercedes Benz… y de paso, a Sebastián Piñera.

Publicada en El Mercurio.

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