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En todos lados se cuecen habas

14 de mayo 2019 Columnas

“Existe un lugar especial en el infierno para quienes promovieron el Brexit sin tener un plan”, dijo con dureza hace un par de meses Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. El tema no es para menos. Ya han pasado casi 3 años del polémico referéndum y el Reino Unido sigue tan entrampado como el primer día.

En ese contexto, son varias las aristas que han ido apareciendo en torno a la problemática, las cuales han sido analizadas con cierta profundidad incluso por estas latitudes. Sin embargo, esta semana se le dio cierta notoriedad en la prensa británica a un aspecto de la crisis que parecía estar invisibilizado. Esto es, la cultura Londres-céntrica del establishment y del sistema político que impera en el país anglosajón.

En este sentido, el alcalde de Manchester, Andy Burnham, señaló hace pocos días que, pese a que el foco usualmente se pone en las divisiones entre quienes apoyan o no el Brexit, habría otra fractura más grande y subyacente: la de Londres versus el resto.

Las palabras del alcalde británico nos dejan bastante material útil para interpretar la realidad chilena. En su visión, el modo en que el Reino Unido destina sus fondos públicos –particularmente aquellos asociados a infraestructura– se haría acorde a un análisis más económico que social. Y por lo mismo, el sistema fortalecería la tendencia a dar más y más a aquellas áreas que ya lo están haciendo bien.

¿Suena cercano? Al parecer, bastante. Basta ver las dificultades regionales en transporte – con un nuevo sistema RED implementándose en la capital y con nuevas líneas de metro anunciadas con bombos y platillos – para darnos cuenta de la necesidad de visión estratégica y de liderazgo a la hora de promover iniciativas fuera de Santiago.

Burnham sabe de lo que habla. Fue miembro del parlamento británico por 16 años y se desempeñó, además, como Secretario de Estado de Salud, de Cultura y del Tesoro. Por lo mismo, hay que escucharlo cuando reconoce que esta división –propia del centralismo– daña la cohesión social y une a las comunidades contra la capital.

Y ya que nos gusta sentirnos “los ingleses de Latinoamérica”, bastante podríamos sacar en limpio de esta tensión política que se comienza a palpar en la isla europea. En tiempos de malestar y desconfianza, el acercar las estructuras de poder a los individuos parece ser una salida a considerar, no sólo por justicia, sino que por eficiencia.

Pero lo cierto es que el Reino Unido no es Chile. De hecho, se trata de un territorio bastante más descentralizado y desconcentrado socialmente que el nuestro, con mayor gasto subnacional y más competencias para sus unidades locales. Por lo mismo, llama aún más la atención la dificultad que se vive en tierras criollas a la hora de poner el problema sobre la mesa.

El desafío es bien conocido. En muchas aristas este gobierno ha promovido una agenda de largo plazo que denota una visión de país y objetivos claros (tecnología, pensiones, trabajo y sistema tributario son sólo ejemplos). ¿Pero cuándo nos preocuparemos de tener un desarrollo territorial digno de exportar? Las señales han sido más bien difusas, por lo que sólo queda esperar que sea más pronto que tarde.

Publicado en El Mercurio de Valparaíso.

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